Hoy todas las palabras me vinieron a ver. Iban todas vestidas y yo las desnudé. Tenían agua dentro y yo se la quité. Bebí toda su agua y me quedó su sed. No me quedó su habla: me quedó su mudez.
Hoy todas las palabras me vinieron a ver. Todas iban vestidas y yo las desnudé. Ni debajo ni dentro había ningún ser sino un lento perfume de luz sobre su piel: un líquido contacto de tinta y de papel.
Nada más. Eso es todo lo que recuerdo ver. Recuerdo las palabras: eran una mujer, una luz, un perfume, una tinta, una piel. Oigo pasos que vuelven y vuelven a volver. No existen: vuelven sólo e insisten otra vez.
Las palabras son pasos dados sobre el papel hacia nosotros mismos pero con otra piel. Ellas y nosotros formamos un vaivén en el tiempo que dura nuestro yo en otro quien.
En las palabras vive lo que vivió una vez aunque nunca lo mismo tenga segunda vez.