En el áureo esplendor de la mañana, viendo crecer la enredadera verde, mi alegría no sabe lo que pierde y mi dolor no sabe lo que gana.
Yo fui una vez como ese pozo oscuro, y fui como la forma de esa nube, como ese gajo verde que ahora sube mientras su sombra baja por el muro.
La vida entonces era diferente, y, en mi claro alborozo matutino, yo era como la rueda de un molino
que finge darle impulso a la corriente. Pero la vida es una cosa vaga, y el corazón va desconfiando de ella, como cuando miramos una estrella, sin saber si se enciende o si se apaga. Mi corazón, en tránsito de fuego, ardió de llama en llama, pero en vano, porque fue un ciego que extendió la mano
y sólo halló la mano de otro ciego. Y ahora estoy acodado en la ventana, y mi dolor no sabe lo que pierde ni mi alegría sabe lo que gana, viendo crecer la enredadera verde en el áureo esplendor de la mañana.
Ahora que ya te fuiste, te diré que te quiero. Ahora que no me oyes, ya no debo callar. Tú seguirás tu vida y olvidarás primero... Y yo aquí, recordándote, a la orilla del mar.
Yo he vivido mi vida: si fue larga o fue corta, si fue alegre o fue triste, ya casi no me importa. Y aquí estoy, esperando. No sé bien lo que espero, si el amor o la muerte, -lo que pase primero.
Así estás todavía de pie bajo la lluvia, bajo la clara lluvia de una noche de invierno. de pie bajo la lluvia me llega tu sonrisa, de pie bajo la lluvia te encuentra mi recuerdo.
Amamos porque sí, sencillamente porque sí, sin saberlo, como cuando la espiga se levanta, como la lluvia cuando está cayendo, como el viento que pasa y no lo sabe y sin embargo, pasa y es el viento.
Árbol, buen árbol, que tras la borrasca te erguiste en desnudez y desaliento, sobre una gran alfombra de hojarasca que removía indiferente el viento...
Señora, según dicen, ya usted tiene otro amante, lástima que la prisa nunca sea elegante… Yo sé que no es frecuente que una mujer hermosa se resigne a ser viuda sin haber sido esposa.
Por un agua de hastío voy moviendo estos remos, que pasan tanto al irme y tan poco al volver; pero quizá un día no nos separaremos, mujer mía y ajena, como el amanecer.