'Nadie escuche mi voz y triste acento...', de Juan de Tassis | Poema

Título: Nadie escuche mi voz y triste acento...
Autor: Juan de Tassis
Narrador: Francisco Fernández

 

 

Nadie escuche mi voz y triste acento...

 

Nadie escuche mi voz y triste acento,
de suspiros y lágrimas mezclado,
si no es que tenga el pecho lastimado
de dolor semejante al que yo siento.
 
Que no pretendo ejemplo ni escarmiento
que rescate a los otros de mi estado,
sino mostrar creído y no aliviado
de un firme amor el justo sentimiento.
 
Juntóse con el cielo a perseguirme
la que tuvo mi vida en opiniones
y de mí mismo a mí como en destierro.
 
Quisieron persuadirme las razones
hasta que en el propósito más firme
fue disculpa del yerro el mismo hierro.

 

  • Nadie escuche mi voz y triste acento...

    Nadie escuche mi voz y triste acento,
    de suspiros y lágrimas mezclado,
    si no es que tenga el pecho lastimado
    de dolor semejante al que yo siento.
    Que no pretendo ejemplo ni escarmiento
    que rescate a los otros de mi estado,
    sino mostrar creído y no aliviado
    de un firme amor el justo sentimiento.
    ...

  • Determinarse y luego arrepentirse...

    Determinarse y luego arrepentirse,
    empezar a atrever y acobardarse,
    arder el pecho y la palabra helarse,
    desengañarse y luego persuadirse;
    comenzar una cosa y advertirse,
    querer decir su pena y no aclararse,
    en medio del aliento desmayarse,
    y entre el temor y el miedo consumirse;
    ...

  • Francisco de Quevedo

    Retirado en la paz de estos desiertos,
    con pocos, pero doctos libros juntos,
    vivo en conversación con los difuntos
    y escucho con mis ojos a los muertos.
    Si no siempre entendidos, siempre abiertos,
    o enmiendan, o fecundan mis asuntos;
    y en músicos callados contrapuntos
    al sueño de la vida hablan despiertos.
    ...

  • Miguel de Cervantes

    Cuando Preciosa el panderete toca
    y hiere el dulce son los aires vanos,
    perlas son que derrama con las manos;
    flores son que despide de la boca.
    Suspensa el alma, y la cordura loca,
    queda a los dulces actos sobrehumanos,
    que, de limpios, de honestos y de sanos,
    su fama al cielo levantado toca.
    ...

  • Francisco de Quevedo

    Pues me hacéis casamentero,
    Ángela de Mondragón,
    escuchad de vuestro esposo
    las grandezas y el valor.
    Él es un Médico honrado,
    por la gracia del Señor,
    que tiene muy buenas letras
    en el cambio y el bolsón.
    ...

  • Sor Juana Inés de la Cruz

    Hombres necios que acusáis
    a la mujer sin razón,
    sin ver que sois la ocasión
    de lo mismo que culpáis:
    si con ansia sin igual
    solicitáis su desdén,
    ¿por qué queréis que obren bien
    si las incitáis al mal?
    ...