A mi sombra, de Manuel Machado | Poema

    Poema en español
    A mi sombra

    Sombra, triste compañera 
    inútil, dócil y muda, 
    que me sigues dondequiera 
    pertinaz como la duda. 

    Amiga que no se advierte, 
    compañera que se olvida, 
    afirmación de la vida 
    que hace pensar en la muerte. 

    Retrato, caricatura... 
    Algo que soy yo y no es nada. 
    Cosa singular y pura, 
    al par que broma pesada. 

    Obsesión y diversión 
    del poeta solitario. 
    Insignificante y vario 
    tema de meditación. 

    Primera copia grosera 
    del cuerpo, y quizá del alma... 
    ¿por qué esa terrible calma 
    muda que me desespera? 

    Querría a veces borrarte, 
    pìntura de brocha gorda. 
    ...Mas yo he oído tu voz sorda 
    y opaca en alguna parte. 

    Y conozco tu bondad 
    socarrona y oportuna. 
    Y tus bromas a la luna, 
    y tu gran fidelidad. 

    Dime, pues, en la postrera 
    hora, en el último trance, 
    cuando la luz no me alcance, 
    ¿tú dónde irás, compañera? 

    Compañera que se olvida, 
    amiga que no se advierte... 
    Afirmación de la vida 
    que hace pensar en la muerte.

    • Hasta que el pueblo las canta, 
      las coplas, coplas no son, 
      y cuando las canta el pueblo, 
      ya nadie sabe el autor. 

      Tal es la gloria, Guillén, 
      de los que escriben cantares: 
      oír decir a la gente 
      que no los ha escrito nadie. 

    • A la manera y en Memoria de Manuel del Palacio, maestro del soneto 
       
      Cabe la vida entera en un soneto 
      empezado con lánguido descuido, 
      y, apenas iniciado, ha transcurrido 
      la infancia, imagen del primer cuarteto. 

    • Esta es mi cara y ésta es mi alma: leed. 
      Unos ojos de hastío y una boca de sed... 
      Lo demás, nada... Vida... Cosas... Lo que se sabe... 
      Calaveradas, amoríos... Nada grave, 
      Un poco de locura, un algo de poesía, 
      una gota del vino de la melancolía... 

    • De un sol que brilla y no arde 
      la última lumbre serena... 
      Una campana que suena 
      en el palor de la tarde... 
      De una ovejuela cobarde 
      el anheloso balar... 
      Y una moza del lugar 
      que oye charlar a la fuente, 
      con el pensamiento ausente 

    • A Miguel de Unamuno 
       
      Yo soy como las gentes que a mi tierra vinieron 
      —soy de la raza mora, vieja amiga del Sol—, 
      que todo lo ganaron y todo lo perdieron. 
      Tengo el alma de nardo del árabe español. 

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