Gratitud, de Oliverio Girondo | Poema

    Poema en español
    Gratitud

    gracias aroma 
    azul, 
    fogata 
    encelo. 

    Gracias pelo 
    caballo 
    mandarino. 

    Gracias pudor 
    turquesa 
    embrujo 
    vela, 
    llamarada 
    quietud 
    azar 
    delirio. 

    Gracias a los racimos 
    a la tarde, 
    a la sed 
    al fervor 
    a las arrugas, 
    al silencio 
    a los senos 
    a la noche, 
    a la danza 
    a la lumbre 
    a la espesura. 

    Muchas gracias al humo 
    a los microbios, 
    al despertar 
    al cuerno 
    a la belleza, 
    a la esponja 
    a la duda 
    a la semilla, 
    a la sangre 
    a los toros 
    a la siesta. 

    Gracias por la ebriedad, 
    por la vagancia, 
    por el aire 
    la piel 
    las alamedas, 
    por el absurdo de hoy 
    y de mañana, 
    desazón 
    avidez 
    calma 
    alegría, 
    nostalgia 
    desamor 
    ceniza llanto. 

    Gracias a lo que nace, 
    a lo que muere, 
    a las uñas 
    las alas 
    las hormigas, 
    los reflejos 
    el viento 
    la rompiente, 
    el olvido 
    los granos 
    la locura. 

    Muchas gracias gusano. 
    Gracias huevo. 
    Gracias fango, 
    sonido. 
    Gracias piedra. 
    Muchas gracias por todo 
    Muchas gracias. 

    Oliverio Girondo, 
    agradecido.

    • Sobre las mesas, 
      botellas decapitadas de «champagne» con corbatas blancas de payaso, 
      baldes de níquel que trasuntan enflaquecidos brazos y espaldas de «cocottes». 
      El bandoneón canta con esperezos de gusano baboso, 
      contradice el pelo rojo de la alfombra, 

    • Más zafio tranco diario 
      llagánima 
      masturbio 
      sino orate 
      más seca sed de móviles carnívoros 
      y mago rapto enlabio de alba albatros 
      más sacra carne carmen de hipermelosas púberes vibrátiles de sexotumba góndola 

    • A D. Eugenio d‘Ors 
       
      Los frescos pintados en la pared 
      transforman el “Salón Reservado” 
      en una “Plaza de Toros”, donde el suelo 
      tiene la consistencia y el color de la “arena”: 
      gracias a que todas las noches 
      se riega la tierra con jerez. 

    • Es una intensísima corriente 
      un relámpago ser de lecho 
      una dona mórbida ola 
      un reflujo zumbo de anestesia 
      una rompiente ente florescente 
      una voraz contráctil prensil corola entreabierta 
      y su rocío afrodisíaco 
      y su carnalesencia 
      natal 

    • Frescor de los vidrios al apoyar la frente en la ventana. Luces trasnochadas que al apagarse nos dejan todavía más solos. Telaraña que los alambres tejen sobre las azoteas. Trote hueco de los jamelgos que pasan y nos emocionan sin razón. 

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