Lo malo no es lo que uno sufre, sino lo que uno hace sufrir.
Lo malo no es ser la víctima. Lo malo es ser el verdugo. No la injusticia que nos hacen, la que hacemos a los demás. No es lo peor ser el reo. Es mucho peor ser el juez. Lo malo no es ser tentado, sino inducir a tentación. (Eva y Adán no cometieron Ningún pecado original. No existió en su inocencia culpa. No hubo culpa suya ni nuestra. ) Más vale no saber nada que hacer daño con la verdad. Y no saber nada no quiere decir lavarse las mano. Ni el verdugo es únicamente el que ejecuta la sentencia. Todos somos al mismo tiempo La víctima y el verdugo. (No sabemos si, para probarlo, Dios padeció más que Job. ) Lo peor de la cruz fue que Cristo veía a su madre y a Juan. Lo peor de la cruz fue que Cristo no podía redimir a Judas. Por malo que sea el hombre, aún puede ser peor Dios, si no existe, o si existe el infierno, o si nacimos para morir. Lo peor de todo no es nada y todo es siempre lo peor.
¡Qué profundo es mi sueño! ¡Qué profundo y qué claro, qué transparente es, ahora, el universo! Si pensando en ti, siempre, si, soñado contigo, me desvelo, y te miro por dentro, con mis ojos, si te miro por dentro...
¿De dónde llegas tú, ilusión de un día porvenir, tú, esperanza de un pasado nunca cumplido, pero que yo ahora evoco entre marchitas profecías o anticipo en nostalgia? De recuerdos y paciencias me nutro. Los ayeres y los mañanas dóciles acuden