Angustia, de Álvaro Sarró | Poema

    Poema en español
    Angustia

    A veces, estando solo en mi habitación, lloro de angustia.
    Procuro no hacer ruido, por lo que, generalmente, me cuesta respirar.
    Escribir no consigue aliviar este miedo a perder a los míos.
    Vivo atenazado por el temor de que cada instante compartido sea el último.
    Las religiones están muy bien para los que saben controlar sus pensamientos.
    Por eso quedo excluido.

    Mis progenitores ven la tele en el salón.
    Puedo escuchar el sonido directo.
    Mi madre, tumbada en el sofá, y mi padre, sentado bajo sus piernas.
    Le masajea los dedos de los pies.

    Me gustaría tirar a la mierda esta libreta, salir de mi cuarto y abrazarlos.

    Disfrutarlos un poco más antes de que se vayan para siempre.
    Pero me quedo aquí sentado, dejando resbalar gotas por mi puta cara de cobarde.
    Inspiro hondo.
    Controlo el ritmo pulmonar.
    La hiperventilación acelera la oxidación de nuestro organismo.

    No hay por qué preocuparse: dentro de unos pocos miles de años no quedará ni rastro de la tan cacareada Humanidad.
    Lo único que debe de valer la pena es atravesar el Universo, o ser absorbido por un agujero negro.
    O tener huevos para abrazar a tus padres y decirles que los quieres.
    Todos los días durante el resto de tu vida.

    Desde hoy.

    • Tirado en la vieja mecedora.
      En la terraza del apartamento playero.
      Alzo la lata de Estrella Damm.
      Como si fuera el Santo Grial.
      Bebo con los ojos cerrados.
      El agua condensada gotea sobre mi ombligo.
      Acerco esta cerveza mediterránea a mis ojos miopes.

    • Al sexto cubata solía fantasear con:
      Cambiar su jotabé-cola por un acá-cuarentaysiete.
      Entrar en la pista central.
      Abrirse paso entre la multitud.
      - Entre los cavernícolas que se empujan como ciervos.
      - Entre las féminas de largas piernas y labios rojos.

    • Disfruto de un interesante sueldo.
      Aprovecho mi privilegiada situación social.
      Me financio los vicios.
      Poseo vastos conocimientos teóricos.
      Me gusta considerarme progresista, creador, artista.
      Pero la gente superficial (y mala) añade datos a mi descripción.

    • El dolor de tripa.
      Las mismas trabas a la hora de narrar.
      Todo le suena pretencioso, envasado, artificial.
      Debe recuperar la furia de días pasados.
      Entonces, las historias brotaban como pus.
      Removían mentalidades.
      Eso es lo que trata de hacer.

    • Almuerzo en un bar, junto al metro de Avenida de la Ilustración.
      Bocadillo de calamares, tercio de Mahou, puñado de torreznos y 1984.
      Entro a currar en hora y media.
      Tic tac, tic tac.
      Aquí dentro se está de lujo.

    • La vuelta a casa puede resultar dura.

      Tu vieja almohada, raída, fiel, de anchura y dureza justas, ha sido sustituida por una nueva, sintética, de penetrante y desagradable

      O
      L
      O
      R.

      Materiales tóxicos.

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