Te dicen, me dicen, nos dicen, de Álvaro Sarró | Poema

    Poema en español
    Te dicen, me dicen, nos dicen

    Te dicen que abras un blog.
    Que pienses en el lector medio.
    Que te asocies con una editorial online.
    Que compres el servicio de maquetación y de diseño de cubierta.
    Que spamees a tus contactos del Facebook.
    Que se lo cuentes al vecino.
    Que mandes reseñas a los periódicos locales.
    Que te creas mejor de lo que eres.
    Etcétera.

    Cuando lo único cierto es que la promoción resulta fundamental.
    Que si no te conocen, no existes.
    Que la gente quiere literatura masticada.
    Que escribes como el culo.
    Que sólo piensas en la fama.
    Que cualquiera puede publicarse un libro (¡esta es la prueba!).
    Que la única escritura decente es la que brota como pus.
    Y que, probablemente, te falta voluntad para averiguar de qué narices estoy hablando.

    • Tirado en la vieja mecedora.
      En la terraza del apartamento playero.
      Alzo la lata de Estrella Damm.
      Como si fuera el Santo Grial.
      Bebo con los ojos cerrados.
      El agua condensada gotea sobre mi ombligo.
      Acerco esta cerveza mediterránea a mis ojos miopes.

    • Al sexto cubata solía fantasear con:
      Cambiar su jotabé-cola por un acá-cuarentaysiete.
      Entrar en la pista central.
      Abrirse paso entre la multitud.
      - Entre los cavernícolas que se empujan como ciervos.
      - Entre las féminas de largas piernas y labios rojos.

    • Disfruto de un interesante sueldo.
      Aprovecho mi privilegiada situación social.
      Me financio los vicios.
      Poseo vastos conocimientos teóricos.
      Me gusta considerarme progresista, creador, artista.
      Pero la gente superficial (y mala) añade datos a mi descripción.

    • El dolor de tripa.
      Las mismas trabas a la hora de narrar.
      Todo le suena pretencioso, envasado, artificial.
      Debe recuperar la furia de días pasados.
      Entonces, las historias brotaban como pus.
      Removían mentalidades.
      Eso es lo que trata de hacer.

    • Almuerzo en un bar, junto al metro de Avenida de la Ilustración.
      Bocadillo de calamares, tercio de Mahou, puñado de torreznos y 1984.
      Entro a currar en hora y media.
      Tic tac, tic tac.
      Aquí dentro se está de lujo.

    • La vuelta a casa puede resultar dura.

      Tu vieja almohada, raída, fiel, de anchura y dureza justas, ha sido sustituida por una nueva, sintética, de penetrante y desagradable

      O
      L
      O
      R.

      Materiales tóxicos.

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