Fantasías, de Álvaro Sarró | Poema

    Poema en español
    Fantasías

    Al sexto cubata solía fantasear con:
    Cambiar su jotabé-cola por un acá-cuarentaysiete.
    Entrar en la pista central.
    Abrirse paso entre la multitud.
    - Entre los cavernícolas que se empujan como ciervos.
    - Entre las féminas de largas piernas y labios rojos.
    - Entre los perreadores con relleno en la bragueta.
    - Entre las bailongas escotadas y descocadas.
    - Entre...
    Y acribillar al personal, girando sobre sí mismo.
    Meterle una ráfaga en el pecho al DJ que se sube el cuello del polo.
    Ametrallar las rodillas del gorila sobrealimentado.
    Rajar el cuello del jefe de seguridad.
    Introducirle su pinganillo por el culo.
    Disparar contra los genitales de los buitres y los morros de las coquetas.

    ETC.

    No obstante, recapacitaba:
    ¡Amigo, nunca has disparado un arma!
    ¡No seas bobo!
    ¡El retroceso te partiría los dientes!
    ¡No seas retrógrado!
    ¡Sólo son animales en celo!

    Así pues:
    Acababa desechando sus ensoñaciones (tan carentes de originalidad).
    Se acercaba a la barra.
    Y solicitaba la séptima copa.

    • Tirado en la vieja mecedora.
      En la terraza del apartamento playero.
      Alzo la lata de Estrella Damm.
      Como si fuera el Santo Grial.
      Bebo con los ojos cerrados.
      El agua condensada gotea sobre mi ombligo.
      Acerco esta cerveza mediterránea a mis ojos miopes.

    • Al sexto cubata solía fantasear con:
      Cambiar su jotabé-cola por un acá-cuarentaysiete.
      Entrar en la pista central.
      Abrirse paso entre la multitud.
      - Entre los cavernícolas que se empujan como ciervos.
      - Entre las féminas de largas piernas y labios rojos.

    • Disfruto de un interesante sueldo.
      Aprovecho mi privilegiada situación social.
      Me financio los vicios.
      Poseo vastos conocimientos teóricos.
      Me gusta considerarme progresista, creador, artista.
      Pero la gente superficial (y mala) añade datos a mi descripción.

    • El dolor de tripa.
      Las mismas trabas a la hora de narrar.
      Todo le suena pretencioso, envasado, artificial.
      Debe recuperar la furia de días pasados.
      Entonces, las historias brotaban como pus.
      Removían mentalidades.
      Eso es lo que trata de hacer.

    • Almuerzo en un bar, junto al metro de Avenida de la Ilustración.
      Bocadillo de calamares, tercio de Mahou, puñado de torreznos y 1984.
      Entro a currar en hora y media.
      Tic tac, tic tac.
      Aquí dentro se está de lujo.

    • La vuelta a casa puede resultar dura.

      Tu vieja almohada, raída, fiel, de anchura y dureza justas, ha sido sustituida por una nueva, sintética, de penetrante y desagradable

      O
      L
      O
      R.

      Materiales tóxicos.

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