¿Qué pollas es el amor?, de Álvaro Sarró | Poema

    Poema en español
    ¿Qué pollas es el amor?

    Eres demasiado joven para encadenarte.
    Demasiado egoísta, demasiado infantil.
    Piensas en lo tuyo pero no lo agarras.
    No lo trabajas tanto como deberías.

    Ella dijo que eres lo más importante del mundo.
    Todos lo somos.

    Supera la incertidumbre.
    Pocas cosas hay seguras en esto que catalogamos
    como existencia.
    Disfruta.
    Échale huevos.
    No vas a ser el perrito faldero de nadie.
    No quieres odiarla por ello.
    No vale la pena darle gusto ahora, si se lo vas a re-
    prochar de por vida.

    Piensa en qué coño quieres.
    Y en qué coño necesitas para conseguirlo.
    Sin distracciones.
    Sin pajas mentales.
    Persigue tu objetivo, aunque sea lo único que hagas.

    Por mucho que te esfuerces en ser un ciudadano de bien, tarde o temprano, todo eso que llevas dentro va a provocarte una profunda insatisfacción y tristeza.
    Entonces, o prendes fuego a la oficina, o te alcoholizas, o te lanzas al vacío.

    Siempre.
    Necesitas hacer lo que necesitas.

    Ahora.
    Necesitas que ella haga lo que necesitas que haga.

    • Tipos con toda la cara de un neandertal me observan desde detrás de sus cubatas de cuatro euros.
      Me analizan, dentro de sus posibilidades.
      Se preguntan qué hace una mujer como ella con un niñato como yo.
      Noto sus miradas clavándose en mi cogote.

    • Estoy tumbado en el sofá.
      Ella, sentada en su sillón.
      Nuestras manos, enlazadas.
      Y en la tele, María Teresa Campos, Ana Obregón, y todo el equipo.
      Ella recuerda sus tiempos de novia.
      Me pregunta por la mía.
      Sonrío, y le acaricio los nudillos.

    • Disfruto de un interesante sueldo.
      Aprovecho mi privilegiada situación social.
      Me financio los vicios.
      Poseo vastos conocimientos teóricos.
      Me gusta considerarme progresista, creador, artista.
      Pero la gente superficial (y mala) añade datos a mi descripción.

    • Los cabrones avariciosos del pueblo han talado todos los chopos de la ribera.
      Ahora, el río fluye calvo a su paso por el municipio.
      Entre los lugareños se comenta que los mandatarios se han embolsado 100.000 euros con la acción.

    • El dolor de tripa.
      Las mismas trabas a la hora de narrar.
      Todo le suena pretencioso, envasado, artificial.
      Debe recuperar la furia de días pasados.
      Entonces, las historias brotaban como pus.
      Removían mentalidades.
      Eso es lo que trata de hacer.

    • A veces, estando solo en mi habitación, lloro de angustia.
      Procuro no hacer ruido, por lo que, generalmente, me cuesta respirar.
      Escribir no consigue aliviar este miedo a perder a los míos.
      Vivo atenazado por el temor de que cada instante compartido sea el último.

    • Tirado en la vieja mecedora.
      En la terraza del apartamento playero.
      Alzo la lata de Estrella Damm.
      Como si fuera el Santo Grial.
      Bebo con los ojos cerrados.
      El agua condensada gotea sobre mi ombligo.
      Acerco esta cerveza mediterránea a mis ojos miopes.

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