Prologuistas, de Álvaro Sarró | Poema

    Poema en español
    Prologuistas

    Me quedo frito sobre la colcha.
    Noche tras noche.
    Un calcetín cuelga del pie.
    El otro está en el suelo.
    La babilla empapa, paulatinamente, la almohada.
    El flexo sigue encendido.
    Mi madre suele decir que el día menos pensado saldré ardiendo.
    Pero no puedo evitarlo.
    Los prologuistas de Cátedra son —por lo general— tan cultos como soporíferos.
    Genios de la hipnosis.

    • Mi vaso de tubo mantiene el equilibrio sobre el curvado expendedor de papel higiénico.
      La rodaja de limón flota impávida entre cubos de hielo en descomposición.
      Meo con las manos en los bolsillos y la espalda contra la puerta del retrete.
      Milagrosamente estoy acertando.

    • En nuestro día a día es imposible captarlo; salvo, quizás, cuando estás embebido en el torbellino de tu imaginación. (Especialmente, si el reloj de la mesilla marca las dos y cuarenta y tres de la madrugada).
      Encerrado, en la habitación asfixiante.

    • Cada día me asemejo un poco más al cadáver que seré.
      Algunas veces la evidencia me atenaza.
      Me paro frente al espejo.
      E intento verme morir.
      Segundo a segundo.
      Célula a célula.
      Una ojerosa imagen me devuelve la tentativa desde el otro lado.

    • El futuro allí enfrente, riéndose de él.
      El pasado detrás, atormentándolo.
      'Suerte que tengo este whisky de oferta', pensó el niñato.
      Y se sirvió otro chorro, procurando acertar en el vaso que se encontraba al otro lado de la ventana de lágrimas.

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