Rito cuasisatánico, de Álvaro Sarró | Poema

    Poema en español
    Rito cuasisatánico

    La yaya quería agasajar a sus invitados.
    Así que el yayo tuvo que hacerlo.
    Era un capón (gallo gigante) precioso.
    Las plumas negras, brillantes,
    el pico rojo, brillante,
    y los ojos de brillante fuego.
    Lo decapitó en la cocina.
    Con aquel descomunal cuchillo.
    La cabeza comenzó a brincar y rebrincar.
    La sangre se derramó en todas direcciones.
    Sobre las cortinas y el mantel,
    sobre las baldosas y el frigorífico,
    sobre el curso de relojero por fascículos.

    Fue tal la impresión,
    que ninguno lo probó durante el banquete.

    Mi yayo era un hombre bueno.
    '¿Por qué tengo que ser un criminal?', se lamentaba.

    No volvió a matar un bicho.

    • Disfruto de un interesante sueldo.
      Aprovecho mi privilegiada situación social.
      Me financio los vicios.
      Poseo vastos conocimientos teóricos.
      Me gusta considerarme progresista, creador, artista.
      Pero la gente superficial (y mala) añade datos a mi descripción.

    • Al sexto cubata solía fantasear con:
      Cambiar su jotabé-cola por un acá-cuarentaysiete.
      Entrar en la pista central.
      Abrirse paso entre la multitud.
      - Entre los cavernícolas que se empujan como ciervos.
      - Entre las féminas de largas piernas y labios rojos.

    • A veces, estando solo en mi habitación, lloro de angustia.
      Procuro no hacer ruido, por lo que, generalmente, me cuesta respirar.
      Escribir no consigue aliviar este miedo a perder a los míos.
      Vivo atenazado por el temor de que cada instante compartido sea el último.

    • El dolor de tripa.
      Las mismas trabas a la hora de narrar.
      Todo le suena pretencioso, envasado, artificial.
      Debe recuperar la furia de días pasados.
      Entonces, las historias brotaban como pus.
      Removían mentalidades.
      Eso es lo que trata de hacer.

    • Almuerzo en un bar, junto al metro de Avenida de la Ilustración.
      Bocadillo de calamares, tercio de Mahou, puñado de torreznos y 1984.
      Entro a currar en hora y media.
      Tic tac, tic tac.
      Aquí dentro se está de lujo.

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