Los escritos vuelan, de André Breton | Poema

    Poema en español
    Los escritos vuelan


    El satén de las páginas que se hojean en los libros modela una mujer tan hermosa 
    Que cuando no se lee se contempla a esa mujer con tristeza 
    Sin atreverse a hablarle sin atreverse a decirle que es tan hermosa 
    Que lo que se va a saber no tiene precio 
    Esta mujer pasa imperceptiblemente entre un rumor de flores 
    A veces se vuelve en medio de las estaciones impresas 
    Para preguntar la hora o mejor aún simula contemplar unas joyas bien de frente 
    Como no hacen las criaturas reales 
    Y el mundo se muere una ruptura se produce en los anillos de aire 
    Un desgarro en el lugar del corazón 
    Los diarios de la mañana traen cantantes cuya voz tiene el color de la arena en las riberas tiernas y peligrosas 
    Y a veces los de la tarde dan paso a muchachas que conducen animales encadenados 
    Pero lo más bello está en el intervalo de ciertas letras 
    Donde unas manos más blancas que el cuerno de las estrellas a mediodía 
    Saquean un nido de blancas golondrinas 
    Para que llueva siempre 
    Tan bajo tan bajo que las alas no puedan ya mezclarse 
    Unas manos por donde se sube hasta unos brazos tan leves que el vapor de los prados en sus graciosas volutas por encima de los estanques es su imperfecto espejo 
    Unos brazos que no se articulan más que con el peligro excepcional de un cuerpo hecho para el amor 
    Cuyo vientre llama a los suspiros desprendidos de los matorrales llenos de velos 
    Y que sólo tienen de terrestre la inmensa verdad helada de los trineos de miradas sobre la extensión toda blanca 
    De lo que no volveré a ver más 
    A causa de una venda maravillosa 
    Que es la mía en el juego de la gallina ciega de las heridas 



    • Los pulpos alados guiarán por última vez la barca cuyas velas están hechas de ese solo día hora a hora 
      Es la velada única tras la cual sentirás subir por tus cabellos el sol blanco y negro 
      De los calabozos rezumará un licor más fuerte que la muerte 



    • Nosotros los pájaros que encantas siempre desde lo alto de esos belvederes 
      Y que cada noche no formamos más que una rama florecida de tus hombros a los brazos de tu carretilla bienamada 
      Que nos desprendemos más vivos que centellas de tu muñeca 



    • La viajera que atravesó les Halles a la caída del verano 
      Caminaba sobre la punta de los pies 
      La desesperación hacía girar en el cielo sus grandes yaros tan bellos 
      Y en el bolso de mano se hallaba mi sueño ese frasco de sales 



    • El satén de las páginas que se hojean en los libros modela una mujer tan hermosa 
      Que cuando no se lee se contempla a esa mujer con tristeza 
      Sin atreverse a hablarle sin atreverse a decirle que es tan hermosa 
      Que lo que se va a saber no tiene precio