La muerte rosa, de André Breton | Poema

    Poema en español
    La muerte rosa


    Los pulpos alados guiarán por última vez la barca cuyas velas están hechas de ese solo día hora a hora 
    Es la velada única tras la cual sentirás subir por tus cabellos el sol blanco y negro 
    De los calabozos rezumará un licor más fuerte que la muerte 
    Cuando se la contempla desde lo alto de un precipicio 
    Los cometas se posarán suavemente en los bosques antes de fulminarlos 
    Y todo pasará dentro del amor indivisible 
    Si el motivo de los ríos nunca desaparece 
    Antes de que sea completamente de noche observarás 
    La gran pausa de la plata 
    Sobre un pescador en flor aparecerán las manos 
    Que escribieron estos versos y que serán husos de plata también 
    Y también golondrinas de plata sobre el oficio de la lluvia 
    Verás el horizonte abrirse y de pronto habrá acabado el beso del espacio 
    Pero el miedo ya no existirá más y los cristales del cielo y del mar 
    Volarán por el viento con más fuerza que nosotros 
    Qué haré yo con el temblor de tu voz 
    Sonríe danzarina alrededor del único lustro que no caerá 
    Trampa del tiempo 
    Subiré los corazones de los hombres 
    Para una suprema lapidación 
    Mi hambre dará vueltas como un diamante demasiado tallado 
    Trenzará los cabellos de su hijo el fuego 
    Silencio y vida 
    Pero los nombres de los amantes se olvidarán 
    Como la adónica gota de sangre 
    En la luz enloquecida 
    Mañana engañarás a tu propia juventud 
    A tu gran juventud luciérnaga 
    Los ecos solos harán moldes de todos los lugares que existieron 
    Y en la infinita vegetación transparente 
    Te pasearás con la celeridad 
    Que se pide a los animales de los bosques 
    Acaso te desgranes entre mis despojos 
    Sin verlos lo mismo que uno se arroja sobre un arma fluctuante 
    Pero yo perteneceré al vacío semejante a los Peldaños 
    De una escalera cuyo movimiento se llama muy penoso 
    Para ti los perfumes desde entonces los perfumes prohibidos 
    Lo angélico 
    Bajo el musgo esponjoso y bajo tus pasos que no existen 
    Mis sueños serán vanos y formales como el rumor de los párpados del agua en la sombra 
    Me introduciré en los tuyos para sondear la profundidad de tus lágrimas 
    Mis llamadas te dejarán dulcemente vacilante 
    Y en el tren hecho de tortugas de hielo 
    No tendrás que tirar de la señal de alarma 
    Llegarás sola a esta playa perdida 
    Donde una estrella descenderá sobre tus equipajes de arena 
        



    • Los pulpos alados guiarán por última vez la barca cuyas velas están hechas de ese solo día hora a hora 
      Es la velada única tras la cual sentirás subir por tus cabellos el sol blanco y negro 
      De los calabozos rezumará un licor más fuerte que la muerte 



    • Nosotros los pájaros que encantas siempre desde lo alto de esos belvederes 
      Y que cada noche no formamos más que una rama florecida de tus hombros a los brazos de tu carretilla bienamada 
      Que nos desprendemos más vivos que centellas de tu muñeca 



    • La viajera que atravesó les Halles a la caída del verano 
      Caminaba sobre la punta de los pies 
      La desesperación hacía girar en el cielo sus grandes yaros tan bellos 
      Y en el bolso de mano se hallaba mi sueño ese frasco de sales 



    • El satén de las páginas que se hojean en los libros modela una mujer tan hermosa 
      Que cuando no se lee se contempla a esa mujer con tristeza 
      Sin atreverse a hablarle sin atreverse a decirle que es tan hermosa 
      Que lo que se va a saber no tiene precio