Empleo de la nostalgia, de Ángel González | Poema

    Poema en español
    Empleo de la nostalgia

    Amo el campus 
    universitario, 
    sin cabras, 
    con muchachas 
    que pax 
    pacem 
    en latín, 
    que meriendan 
    pas pasa pan 
    con chocolate 
    en griego, 
    que saben lenguas vivas 
    y se dejan besar 
    en el crepúsculo 
    (también en las rodillas) 
    y usan 
    la cocacola como anticonceptivo. 

         Ah las flores marchitas de los libros de texto 
    finalizando el curso 
            deshojadas 
    cuando la primavera 
    se instala 
    en el culto jardín del rectorado 
            por manos todavía adolescentes 
    y roza con sus rosas 
            manchadas de bolígrafo y de tiza 
    el rostro ciego del poeta 
            transustanciándose en un olor agrio 
            a naranjas 
    Homero 

            o semen 

         Todo eso será un día 
         materia de recuerdo y de nostalgia. 
         Volverá, terca, la memoria 
         una vez y otra vez a estos parajes, 
         lo mismo que una abeja 
         da vueltas al perfume 
         de una flor ya arrancada: 
      

         inútilmente. 

         Pero esa luz no se extinguirá nunca: 
         llamas que aún no consumen 
    ...ningún presentimiento 
    puede quebrar as risas 
         que iluminan 
         las rosas y os cuerpos 
    y cuando el llanto llegue 
         como un halo 
    los escombros 
    la descomposición 
         que los preserva entre las sombras 
         puros 
    no prevalecerán 
    serán más ruina 
         absortos en sí mismos 
    y sólo erguidos quedarán intactos 
    todavía más brillantes 
          ignorantes de sí 
    esos gestos de amor... 
          sin ver más nada.

    Ángel González, uno de los más destacados representantes de la llamada generación del medio siglo, ha publicado los siguientes libros de poemas: Áspero mundo (1956), Sin esperanza, con convencimiento (1961), Grado elemental (Premio Antonio Machado, 1962), Palabra sobre palabra (1965), Tratado de urbanismo (1967 y 1976), Breves acotaciones para una biografía (1971), Procedimientos narrativos (1972), Muestra de algunos procedimientos narrativos y de las actitudes sentimentales que habitualmente comportan (1976, segunda edición aumentada y corregida, 1977), «Harsh World» and Other Poems (edición bilingüe, 1977), Prosemas o menos (1985), Deixis en fantasma (1992) y Otoños y otras luces (2001). Se le deben asimismo los libros ensayísticos Juan Ramón Jiménez (1973), El grupo poético de 1927 (1976), Gabriel Celaya (1977) y Antonio Machado (1979). En 1985 obtuvo el Premio Príncipe de Asturias de las Letras, y en 1996 el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana. En este mismo año fue elegido miembro de la Real Academia Española, y tomó posesión al año siguiente. En 1968 apareció por primera vez en un solo volumen, bajo el título de Palabra sobre palabra, toda la poesía publicada hasta entonces por Ángel González, actualizada en posteriores ediciones (1972, 1977 y 2003).

    • La lágrima fue dicha. 

      Olvidemos 
      el llanto 
      y empecemos de nuevo, 
      con paciencia, 
      observando las cosas 
      hasta hallar la menuda diferencia 
      que las separa 
      de su entidad de ayer 
      y que define 
      el transcurso del tiempo y su eficacia. 

    • Ayer fue miércoles toda la mañana. 
      Por la tarde cambió: 
      se puso casi lunes, 
      la tristeza invadió los corazones 
      y hubo un claro 
      movimiento de pánico hacia los 
      tranvías 
      que llevan los bañistas hasta el río. 

    • Domingo, flor de luz, casi increíble 
      día. Bajas sobre la tierra 
      como un ángel inútil y dorado. 
      Besas 
      a las muchachas 
      de turbia cabellera, 
      vistes de azul marino 
      a los hombres que te aman, y dejas 
      en las manos del niño 
      un aro de madera 

    • Hace miles de años, 
      alguien, 
      un esclavo quizá, 
      descansando a la sombra de los árboles, 
      furtivamente, 
      en un lugar aislado 
      del fértil territorio 
      conquistado por su dueño el guerrero, 
      al contemplar los campos 
      regados por el río