'La palabra', de Ángel González | Poema 🎧📚

Título: La palabra
Autor: Ángel González
Narrador: Francisco Fernández

 

 

La palabra

 

Hace miles de años,
alguien,
un esclavo quizá,
descansando a la sombra de los árboles,
furtivamente,
en un lugar aislado
del fértil territorio
conquistado por su dueño el guerrero,
al contemplar los campos
regados por el río
-probablemente
no ocurrió nada así:
reconstruyo, sin datos, una escena
que nadie sabe cómo ha sucedido-
y ver cómo otros hombres
cuidaban de las viñas, podaban
los olivos, transportaban el agua
que habría de mojar la tierra donde
crecían las hortalizas,
o conducían los rebaños hacia el monte,
o extraían la miel de las colmenas

-me parece escuchar el rumor duro
del estío,
las metálicas hojas de los árboles
(perdida su humedad) crujiendo casi
al ser rozadas por el seco viento,
el batir firme y alto de las alas
de águila, la viva luz
aplastándolo todo con su peso-,
y fijándose acaso especialmente
en el volumen firme e insinuado
bajo el gastado lino
del vientre grávido de una mujer joven,
cerró los ojos
(el hombre que miraba todo aquello)
y articuló un suspiro
o bien dijo un sollozo, o algo semejante
que repitió y creció, y dejó su pecho
estremecido -así la rama
abandonada por un pájaro...

Igual que un pájaro
salta desde una rama,
de este modo
surgió en el aire limpio de aquel día
la palabra:
amor.
Era
suficiente.

Pronunciada primero,
luego escrita,
la palabra pasó de boca en boca,
siguió de mano en mano,
de cera en pergamino,
de papel en papel,
de tinta en tinta,
fue tallada en madera,
cayó sobre las láminas
olorosas y blancas,
y llegó hasta nosotros
impresa y negra, viva
tras un largo pasaje por los siglos
llamados de oro,
por las gloriosas épocas,
a través de los textos conocidos
con el nombre de clásicos más tarde.
Retrotraerse a un sentimiento puro,
imaginar un mundo en sus pre-nombres,
es imposible ahora.

La palabra fue dicha para siempre.
Para todos, también.
Yo la recojo,
la elijo entre las otras muchas,
la empaño con mi aliento
y la lanzo,
pájaro o piedra,
de nuevo al aire,
al sol,
hoy
(rostros, árboles,
nubes: todo es distinto en esta
primavera. En el vaso,
el agua huele a río.
Como una larga cabellera, el viento
ondea por las calles y se abate
de pronto
rizado y frío sobre el suelo.
Y en ocasiones,
¿por qué mi pensamiento
no acompaña a mis ojos
y se aleja
de lo que ven, perdido
y a la vez fijo en algo...?)
porque quiero.

 

Inventario de lugares propicios para el amor

Son pocos.
La primavera está muy prestigiada, pero
es mejor el verano.
Y también esas grietas que el otoño
forma al interceder con los domingos
en algunas ciudades
ya de por sí amarillas como plátanos.
El invierno elimina muchos sitios:
...

Aquella luz

¡Volver a ver el mundo como nunca
había sido...!
En los últimos días del verano,
el tiempo detenido en la gran pausa
que colmaría septiembre con sus frutos,
demorándose en oro
octubre,
y el viento de noviembre que llevaba
..

Zona residencial

Hasta un ciego podría adivinarlo:
la perfección reside en estas calles.
Los ruidos, los olores,
el timbre delicado
de las voces humanas, el júbilo
de los ladridos,
el rumor armonioso de los coches,
la discreta presencia de las lilas,
...

Porvenir

Te llaman porvenir
porque no vienes nunca.
Te llaman: porvenir,
y esperan que tú llegues
como un animal manso
a comer en su mano.
Pero tú permaneces
más allá de las horas,
...

Ángel González

Inventario de lugares propicios para el amor

Son pocos.
La primavera está muy prestigiada, pero
es mejor el verano.
Y también esas grietas que el otoño
forma al interceder con los domingos
en algunas ciudades
ya de por sí amarillas como plátanos.
El invierno elimina muchos sitios:
...

Ángel González

La palabra

Hace miles de años,
alguien,
un esclavo quizá,
descansando a la sombra de los árboles,
furtivamente,
en un lugar aislado
del fértil territorio
conquistado por su dueño el guerrero,
...

José Hierro

Beethoven ante el televisor

El alemán de Bonn identificaba
todos los sones de la naturaleza:
el del mar, el del rio, el del viento y la lluvia,
el canto del ruiseñor, el de la oropéndola, el del cuco.
Un día, cantó un ave, y él no oía su canto:
fue la primera señal de alarma.
Luego avanzó implacable la sordera
hasta desembocar en la noche de los sonidos.
...

José María Eguren

La niña de la lámpara azul

En el pasadizo nebuloso
cual mágico sueño de Estambul,
su perfil presenta destelloso
la niña de la lámpara azul.
Ágil y risueña se insinúa,
y su llama seductora brilla,
tiembla en su caballo la garúa
de la playa de la maravilla.
...