El querer, de Antonio Machado | Poema

    Poema en español
    El querer

    En tu boca roja y fresca 
    beso, y mi sed no se apaga, 
    que en cada beso quisiera 
    beber entera tu alma. 

    Me he enamorado de ti 
    y es enfermedad tan mala, 
    que ni la muerte la cura, 
    ¡bien lo saben los que aman! 

    Loco me pongo si escucho 
    el ruido de tu charla, 
    y el contacto de tu mano 
    me da la vida y me mata. 

    Yo quisiera ser el aire 
    que toda entera te abraza, 
    yo quisiera ser la sangre 
    que corre por tus entrañas. 

    Son las líneas de tu cuerpo 
    el modelo de mis ansias, 
    el camino de mis besos 
    y el imán de mis miradas. 

    Siento al ceñir tu cintura 
    una duda que me mata 
    que quisiera en un abrazo 
    todo tu cuerpo y tu alma. 

    Estoy enfermo de ti, 
    de curar no hay esperanza, 
    que en la sed de este amor loco 
    tu eres mi sed y mi agua. 

    Maldita sea la hora 
    en que contemplé tu cara, 
    en que vi tus ojos negros 
    y besé tus labios grana. 

    Maldita sea la sed 
    y maldita sea el agua, 
    maldito sea el veneno 
    que envenena y que no mata. 

    En tu boca roja y fresca 
    beso, y mi sed no se apaga, 
    que en cada beso quisiera 
    beber entera tu alma.

    Antonio Machado (Sevilla, 1875 - Colliure, 1939) fue el más joven poeta de la generación del 98. Su vida en Madrid y París le llevó a formar parte del círculo de destacados literatos como Rubén Darío, Miguel de Unamuno, Ramón María del Valle-Inclán o Juan Ramón Jiménez. Autor prolífico, se dio a conocer con el poemario Soledades, de marcado carácter modernista, en 1903. Unos años más tarde, en 2912, publicó uno de sus libros más populares, Campos de Castilla. Destacan también, entre otras obras, Nuevas canciones (1914) y Páginas escogidas (1917). Miembro de la Real Academia Española, se exilió al pueblo francés de Colliure tras estallar la guerra civil española. Allí murió y allí descansa su tumba, símbolo del exilio republicano.

    • Es una tarde mustia y desabrida 
      de un otoño sin frutos, en la tierra 
      estéril y raída 
      donde la sombra de un centauro yerra. 
      Por un camino en la árida llanura, 
      entre álamos marchitos, 
      a solas con su sombra y su locura, 
      va el loco hablando a gritos. 

    • Es el hospicio, el viejo hospicio provinciano, 
      el caserón ruinoso de ennegrecidas tejas 
      en donde los vencejos anidan en verano 
      y graznan en las noches de invierno las cornejas. 
      Con su frontón al Norte, entre los dos torreones 

    • Vino, sentimiento, guitarra y poesía 
      hacen los cantares de la patria mía. 
      Cantares... 
      Quien dice cantares dice Andalucía. 

      A la sombra fresca de la vieja parra, 
      un mozo moreno rasguea la guitarra... 
      Cantares... 
      Algo que acaricia y algo que desgarra. 

    • Se ha asomado una cigüeña a lo alto del campanario. 
      Girando en torno a la torre y al caserón solitario, 
      ya las golondrinas chillan. Pasaron del blanco invierno, 
      de nevascas y ventiscas los crudos soplos de infierno. 
      Es una tibia mañana. 

    • Poeta ayer, hoy triste y pobre 
      filósofo trasnochado, 
      tengo en monedas de cobre 
      el oro de ayer cambiado. 

      Sin placer y sin fortuna, 
      pasó como una quimera 
      mi juventud, la primera... 
      la sola, no hay más que una: 
      la de dentro es la de fuera. 

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