Barricada, de Ernesto Cardenal | Poema

    Poema en español
    Barricada

    Fue una tarea de todos. 
    Los que se fueron sin besar a su mamá 
    para que nos supiera que se iban. 
    El que besó por última vez a su novia. 
    Y la que dejó los brazos de él para abrazar un Fal. 
    El que besó a la abuelita que hacía las veces de madre 
    y dijo que ya volvía, cogió la gorra, y no volvió. 
    Los que estuvieron años en la montaña. Años 
    en la clandestinidad, en las ciudades más peligrosas que la montaña. 
    Los que servían de correos en los senderos sombríos del norte, 
    o choferes en Managua, choferes de guerrilleros cada anochecer. 
    Los que compraban armas en el extranjero tratando con gánsters. 
    Los que montaban mítines en el extranjero con banderas y gritos 
    o pisaban la alfombra de la sala de audiencias de un presidente. 
    Los que asaltaban cuarteles al grito de Patria Libre o Morir. 
    El muchacho vigilante en la esquina de la calle liberada 
    con un pañuelo rojinegro en el rostro. 
    Los niños acarreando adoquines, 
    arrancando los adoquines de las calles 
    -que fueron un negocio de Somoza- 
    y acarreando adoquines y adoquines 
    para las barricadas del pueblo. 
    Las que llevaban café a los muchachos que estaban en las barricadas. 
    Los que hicieron las tareas importantes, 
    y los que hacían las menos importantes: 
    Esto fue una tarea de todos. 
    La verdad es que todos pusimos adoquines en la gran barricada. 
    Fue una tarea de todos. Fue el pueblo unido. 
    Y lo hicimos.