Miro el Tajo, y de tal arte que olvido el mirar mirando, y de pronto esto se abate sobre mí, devaneando: ¿Qué es ser río y correr? ¿Qué estar yo en ese ver?
Tu silencio es una nave con todas las velas llenas... Blandas, las brisas juegan en las flámulas, tu sonrisa... Y tu sonrisa en tu silencio es la escalera y las andas con que me finjo más alto y junto a cualquier paraíso...
Al niño, que nació y se crió a la sombra del ruido de las fábricas, se lo llevan al campo y allí sufre y muere en el exilio nostálgico del ruido de los grandes motores, del correr de las correas de transmisión, de los grandes palacios de hierros iluminados con grandes y blancas lámparas eléctrica
Al volante del Chevrolet por la carretera de Sintra a la luz de la luna y al sueño, en la carretera desierta, solitario conduzco, conduzco casi despacio, y un poco me parece, o me esfuerzo un poco para que me parezca,