Momentos, de Floralba Uribe | Poema

    Poema en español
    Momentos

       I 


    Cuando llega el amor nada es distinto. 
    La lluvia cae y su agrietada lámina 
    nos señala el relámpago inconstante. 
    El ebrio, 
    de tan siempre, 
    va más ebrio, 
    por la calle que conoce sus monólogos. 

    Pero ellos, la pareja, inician su deriva 
    buscando el arcoiris y la flor de las colmenas. 
    Anulan el pasado. Se declaran 
    recién nacidos en paños de ternura, 
    saben 
    que el minuto 
    es semilla de lo eterno 
    y parcelan el amor en íntimos instantes. 



       II 


    Cuando llega el rencor nada es distinto. 
    Los días transcurren hacia el año, 
    la tierra gira en exacta servidumbre, 
    y el perro 
    vagabundo 
    fiel aguarda 
    la hora del mendrugo o la pedrada. 

    Pero ellos, la pareja, ahora desasidos, 
    sin escala de luz y sin colmena, 
    e miran como si jamás, como si nunca 
    hubieran dicho: 
    ¡Ven, nosotros, 
    te amo tanto! 

    Ella hurga con su mano y saca 
    de su entraña una muerte pequeñita. 
    Él se palpa el costado y allí encuentra 
    su dolor en trance de alimaña. 
    Los dos toman el vacío por las dos puntas, 
    se cubren 
    las espaldas, 
    se vigilan, 
    y agobiados por pautas evasivas 
    cumplen la cita que les da el hastío. 

    • Pardo lecho de arena, 
      playa inerte, 
      plural surtidor de toda raza, 
      cauce donde lo vital fluye y palpita. 
      La luz 
      divide el mundo 
      en hemisferios: 
      separa un duro azul bruñido luz arriba, 
      abajo el otro agita sus líquidos metales. 

    • A veces pienso que tú y yo 
      es lo único que nos queda. 
      La gente se ha ido a la deriva buscando sus valores 
      extraviados, 
      cada espalda se ajusta, contra un muro eludiendo el saqueo 
      de la sombra, 
      y se palpan a tientas el costado, y,preparan sus uñas 

    •    I 


      Cuando llega el amor nada es distinto. 
      La lluvia cae y su agrietada lámina 
      nos señala el relámpago inconstante. 
      El ebrio, 
      de tan siempre, 
      va más ebrio, 
      por la calle que conoce sus monólogos.