Paisaje con mar, de Floralba Uribe | Poema

    Poema en español
    Paisaje con mar

    Pardo lecho de arena, 
    playa inerte, 
    plural surtidor de toda raza, 
    cauce donde lo vital fluye y palpita. 
    La luz 
    divide el mundo 
    en hemisferios: 
    separa un duro azul bruñido luz arriba, 
    abajo el otro agita sus líquidos metales. 
    Lentas palmeras en el sopor creciendo, 
    el viento en cada giro las despierta 
    y son penumbra 
    sobre 
    las pieles húmedas. 

    El sol, 
    sensual hermafrodita, 
    husmea los cuerpos tan mansos e indolentes, 
    hornea la oscura cosecha entre los muslos, 
    penetra cada pliegue, lento asedio, 
    y los cuerpos se entreabren 
    como frutos. 

    El mar, 
    ensalmador de 
    sueños y de viajes, 
    va por la playa con la lengua de sus olas, 
    lame un vientre, un labio, un pezón de plácida 
    escarlata, 
    una barba de miel, la fina espada 
    y el sellado pubis 
    de un muchacho. 

    Múltiple 
    lengua de mar, 
    tibia saliva 
    que deja en largos besos salitrosos 
    lodo continental, residuos cósmicos, 
    itinerante resaca de los barcos, 
    la baba seminal de los mariscos 
    y el llanto liminar de 
    los ahogados. 

    Los cuerpos, 
    desalojados del ensueño, 
    van hacia el mar, patria de la nostalgia, 
    buscando su raíz de oscura ciencia, 
    cordón umbilical de la inocencia, 
    forma que vuelve al agua, 
    agua que la rescata. 

    • Pardo lecho de arena, 
      playa inerte, 
      plural surtidor de toda raza, 
      cauce donde lo vital fluye y palpita. 
      La luz 
      divide el mundo 
      en hemisferios: 
      separa un duro azul bruñido luz arriba, 
      abajo el otro agita sus líquidos metales. 

    • A veces pienso que tú y yo 
      es lo único que nos queda. 
      La gente se ha ido a la deriva buscando sus valores 
      extraviados, 
      cada espalda se ajusta, contra un muro eludiendo el saqueo 
      de la sombra, 
      y se palpan a tientas el costado, y,preparan sus uñas 

    •    I 


      Cuando llega el amor nada es distinto. 
      La lluvia cae y su agrietada lámina 
      nos señala el relámpago inconstante. 
      El ebrio, 
      de tan siempre, 
      va más ebrio, 
      por la calle que conoce sus monólogos.