No me gusta esa casa.
Hace un tiempo dejó de existir,
sin embargo sigue ahí delante.
Alguien ha tapado con pintura fresca
las escamas despegadas por el sol
y rellenado los huecos del viento
en la madera crujiente. El tejado
pesa más cada más mordiscos
traen los días a la desaparición.
Mucho antes me gustaba.
Pulsar el timbre y correr perseguido
de esa extraña satisfacción. Conocerte.
Jugar a jugar y no pensar sino en
verte.
Vernos más tarde.
Ahora la odio casi tanto, ojalá existiese.
Hace un tiempo que no existe la casa
ni nuestro mundo. Existe la memoria
que devuelve pasos entre gigantes,
caricias y antes rubores con remite.
La edad nos crece y fuimos
poco más que juguetes
aprendiendo a repararse.
El amor se va
sin despedirse.
Y si lo hace, indebidamente.
Queda su rastro para siempre
acartonado en el jardín:
“Se vende”.
Paseo todas las tardes, a las cinco.
Recorro las aceras colindantes
a la tienda de tu helado favorito,
los sitios propicios para encontrarte.
No puedo quitarme,
no puedo sacar de mi cabeza
la memoria flácida y marmórea carne
más allá de esta frontera epidérmica
que una viva imagen de muerte ignora.
Ahora es cuando toco a tu puerta,
tras el sonido un temblor
me recorre las piernas.
Un silencio más largo aún
que las horas de sueño perdidas
soñando este apretado silencio.
Uno se siente, a veces
como un envoltorio de aire;
como si la fragilidad de un globo
durase una vida consciente.
Entonces, uno trata de no respirar
demasiado fuerte;
entonces uno teme y tiembla
cuando sopla recuerdos ausentes.
A los hechos me remito
ante la duda
bajo llave
cabe esperar
con el rabo entre las piernas
contra lo establecido
de perdidos al río
desde que nací
en el brillo de tus ojos
entre pasado y futuro
hacia tu rostro
hasta chocarme
No es para tanto
aceptar la muerte.
Para tanto es morirse
tan joven,
morirse antes de tiempo.
Lo peor es morir
antes de saber
que no se sobrevive
sin dinero. No aquí.
Son frías estas almas de piedra
haciendo cola.
Sospechan dentro de diminutos bolsos
de las miradas largas.
¿Está usted loco?
Loco está usted, loco,
usted está usted,
y yo no le digo nada.
Quien diga lo contrario loco
miente usted, está usted,
usted está y yo soy el loco.
Para estar hay que creer.
¿Loco? Espere usted.