Ni los sabios son inmunes a la ignorancia
ebria en dirección contraria.
La lectura, el pensar, la palabra;
inversiones del alma que no desgravan
ni cubren el coste del mañana.
Algo, quizá, aligeran la deuda temprana;
tal vez, si acaso, ejercitan silencio y buen habla.
Cosas tristemente innecesarias
para construir una casa,
para pagar una casa,
para derribar la casa.
Se aprende más de una bacteria
que de mil farsantes de izquierda-derecha-izquierda.
Se siente el calor de una estrella
cuando se apagan las velas...
... y la normalidad es de cera.
Los normales
compran porque no tienen,
conservan porque no venden,
venden porque no quieren.
Normalmente, a los normales
no les gusta vivir
viciando el aire,
talando árboles,
asfixiando mares.
Los normales sólo quieren ser más normales
que el salario mínimo
y los beneficios sociales.
Quieren ser plenamente normales:
rozar la exosfera con dedos de humo,
derribar un bosque de un soplido,
beberse el río de un trago
y recibir los elogios de sus normales.
El saber, sabiamente nos hace diferentes
a cada segundo, más ajenos, más distantes
de los maniquíes de escaparate.
Los diferentes no sueñan con ser normales,
aspiran, humildemente, a que sus diferencias
hagan a otros diferentes.
Aún no se conoce la forma de la vida,
si todo proviene de un continente
que no es hongo, animal o planta;
cómo era la primera procariota
que guardó el alma dentro de su cuerpo,
1. Una vez me enamoré
1. 1. No hablaba mi idioma
1. 2. Decidí callar
1. 3. Ahora la amo entre mis dedos
1. 4. Sus ojos son de primavera
Se llaman estromatolitos,
sedientos devoradores de luz
a milenios defecando oxígeno.
Bacterias como yo y como tú
en mitad del universo; seres vivos.
Creadores de viento y lluvia,
dioses minúsculos, diosas burbuja.
Ni los sabios son inmunes a la ignorancia
ebria en dirección contraria.
El tiempo olvida
y después mata. No pregunta.
Sólo continúa
dejando tras de sí censuras
imposibles de olvidar.
Ayer queda tan lejos
como su sombra,
como cualquier sombra pasada
de luz intocable.
Este miedo constante
mantiene alerta la carne,
de puntillas la inocencia
tras la mirilla
del horizonte.
Ahora es tarde.
Los pájaros no lloran.
Agua distante y solidez,
la lágrima del iceberg.
La sombra ingaseosa:
sedimento de la opacidad.
El mar como consecuencia
o profundidad. La almohada
del retorno eterno. Retoño
de la adversidad. Quizá.
Vas a morir
(por si no lo sabías).
Puedes seguir
viviendo en fascículos
de mes a mes.
A incómodos plazos
sin intereses.
De todas formas,
vas a morir.
Por si no lo sabías.