Ni los sabios son inmunes a la ignorancia
ebria en dirección contraria.
La lectura, el pensar, la palabra;
inversiones del alma que no desgravan
ni cubren el coste del mañana.
Algo, quizá, aligeran la deuda temprana;
tal vez, si acaso, ejercitan silencio y buen habla.
Cosas tristemente innecesarias
para construir una casa,
para pagar una casa,
para derribar la casa.
Se aprende más de una bacteria
que de mil farsantes de izquierda-derecha-izquierda.
Se siente el calor de una estrella
cuando se apagan las velas...
... y la normalidad es de cera.
Los normales
compran porque no tienen,
conservan porque no venden,
venden porque no quieren.
Normalmente, a los normales
no les gusta vivir
viciando el aire,
talando árboles,
asfixiando mares.
Los normales sólo quieren ser más normales
que el salario mínimo
y los beneficios sociales.
Quieren ser plenamente normales:
rozar la exosfera con dedos de humo,
derribar un bosque de un soplido,
beberse el río de un trago
y recibir los elogios de sus normales.
El saber, sabiamente nos hace diferentes
a cada segundo, más ajenos, más distantes
de los maniquíes de escaparate.
Los diferentes no sueñan con ser normales,
aspiran, humildemente, a que sus diferencias
hagan a otros diferentes.
Quise que viera mi muestrario
de amores disecados. Se asustó.
Me preguntó por esos huecos.
“No te preocupes, son crisálidas”.
Me preguntó por los alfileres vacíos.
“No te preocupes, no volverán”.
En sus pupilas negras
bailan las luciérnagas
cuando se enamoran.
Así nacen las estrellas.
Así, cuando se acercan,
late ignífera la aurora.
Así se apaga una vela.
Así, cuando se alejan,
olvida su olor la rosa.
La vida es eso que pasa
llegando a final de mes;
vacaciones un fin de semana
son el ataúd acorde al PIB.
Para que me escriba un poema
he soltado el lápiz,
me han arrastrado los pies hasta mi puerta
de lo bello: frágil.
Ayer queda tan lejos
como su sombra,
como cualquier sombra pasada
de luz intocable.
Este miedo constante
mantiene alerta la carne,
de puntillas la inocencia
tras la mirilla
del horizonte.
Ahora es tarde.
Nadie vendrá a salvarnos.
Ninguna esfinge nos dirá si hemos acertado
antes de afilar su ingenio.
Los corruptos no comparten método
ni criterio con los justos.
No reparten tampoco el triunfo
que a los propios es ajeno.
Si usted no tiene una cuenta en Suiza
no entenderá este poema,
no entenderá las noticias,
las causas de la guerra,
las semanas de siete días.
Esta noche estoy solo.
Trayectoria intransitiva
sumergido absurdo,
espejo roto blando húmedo.
Esta noche estoy.
Formulario ex profeso.
Residuo quedo
de la constancia.