Escondite es búsqueda. Búsqueda de la inadvertencia ante semejante lluvia. Caen planetas como ídolos sobre charcos ocultando grúas.
El compromiso es para los suicidas. Las grandes creaciones cuestan la vida porque valen la existencia y la intriga.
Destruir es ir a la caza. La pericia de los siglos resumida a más plomo en la herida. El trofeo como amnistía de la vergüenza.
La huida siempre es reveladora. Quien se apresura en la codicia pierde el don, la oportunidad, la inocencia de quien aspira a seguir jugando, oculto tras su hora, a la espera del momento para salvarlos.
Casi sin darme cuenta, estoy empezando a rechazar moralmente a aquellos que consideran que el reloj marca las dos. En realidad, nunca son las dos. Los rechazo como seres inconscientes, aduladores de la banalidad y cíclicamente hipócritas, a conveniencia periódica.
Los hay que no pueden dejar de fumar, los hay alcohólicos y cada siete días, los hay adictos a la coca, a la heroína, a la próxima forma de evadir o alucinar.
Transcurrir en banquete o hambruna, vida requerida, dulce, insatisfactoria, limitada a intermitencias como lo está una cucharilla: liviana, ligera sólo contiene lo que no rebosa, agujero en potencia.
El interés de la deuda soberana no cabe en un poema. La poesía es infantil frente a dos puntos de la prima de riesgo, el descenso de la demanda agregada o la eficiencia de nuevos mecanismos de esperanza.