No puedo quitarme, no puedo sacar de mi cabeza la memoria flácida y marmórea carne más allá de esta frontera epidérmica que una viva imagen de muerte ignora.
No puedo olvidar ni la imagen ni tragarme la vergüenza ajena que me señala: culpable, pudiste y no hacer nada es el poso de esta desdicha.
No puedo amar enteramente o dormir enteras las noches; no puedo ignorar las vallas al horizonte, no puedo perdonar eso que somos todos y no se aguanta.
Era mucho más fácil Lo más fácil era soltarlo todo y echar a volar, sin avisos, sin maletas, sin sombrero, sin alas, sin hambre de carnicero. Era marcharse a cualquier otro lugar inevitablemente dentro de este sitio.
Desde que no está he desarrollado la facilidad espontánea para llorar. La memoria tiene la cola muy larga, ahora la vida es más y más estrecha. De repente, me nublo por dentro para no encharcarme de culpa. Agacho la vista hacia los azulejos