Una vez quise ser bibliotecario
para matar moscas en el trabajo,
regañar a algún huérfano de libro,
traslucir sinopsis de una máscara,
adivinar la signatura pendiente.
Detrás de la primera edición, raras veces,
se encuentra una pluma brillante.
En adelante son marcas registradas
por las editoriales. Lo más parecido
es alquilar el vientre.
A la gente le gustan las marcas,
a lo sumo, las cicatrices.
Al lector, amar, velar los muertos que nunca mueren
y sin embargo existen.
No quiero ser escritor.
Prefiero escribir.
La marca de la fama es el lastre
de la observación y
no es país para honestos.
Alguien me dijo
que dolía; como el hambre
o la malaria. Que te mata
poco a poco a pesar del siglo.
Al principio no hay síntomas.
A los pocos días,
te deja con la cabeza vacía
como una canción en blanco y negro;
te duelen las noticias,
la verdad es un estigma
y no confundes la versión con los hechos.
Entonces te ríes, te burlas
de tu propia ignorancia, de los estandartes,
y ya es tarde,
alucinas: vives en una celda
y te crees libre y actúas a pesar,
con la cabeza llena
de blancos inviernos
de horas caducifolias,
y ya es tarde...
de amor a lomos, migrando
de pájaros alados.
Paseo todas las tardes, a las cinco.
Recorro las aceras colindantes
a la tienda de tu helado favorito,
los sitios propicios para encontrarte.
Ahora es cuando toco a tu puerta,
tras el sonido un temblor
me recorre las piernas.
Un silencio más largo aún
que las horas de sueño perdidas
soñando este apretado silencio.
No puedo quitarme,
no puedo sacar de mi cabeza
la memoria flácida y marmórea carne
más allá de esta frontera epidérmica
que una viva imagen de muerte ignora.
¿Está usted loco?
Loco está usted, loco,
usted está usted,
y yo no le digo nada.
Quien diga lo contrario loco
miente usted, está usted,
usted está y yo soy el loco.
Para estar hay que creer.
¿Loco? Espere usted.
Una cáscara llena de ojos,
cortinas de lavanda tibia,
sobriedad pecuniaria
a estas alturas de la vida.
Canciones desaparecidas
gargantas de ausencia.
Pañuelos y despedida,
afilada busca que te busca.
A los hechos me remito
ante la duda
bajo llave
cabe esperar
con el rabo entre las piernas
contra lo establecido
de perdidos al río
desde que nací
en el brillo de tus ojos
entre pasado y futuro
hacia tu rostro
hasta chocarme
Son frías estas almas de piedra
haciendo cola.
Sospechan dentro de diminutos bolsos
de las miradas largas.
Uno se siente, a veces
como un envoltorio de aire;
como si la fragilidad de un globo
durase una vida consciente.
Entonces, uno trata de no respirar
demasiado fuerte;
entonces uno teme y tiembla
cuando sopla recuerdos ausentes.