Oscar Wilde en París, de Guillermo Carnero | Poema

    Poema en español
    Oscar Wilde en París


    Si proyectáis turbar este brillante sueño 
    impregnad de lavanda vuestro más fino pañuelo de seda 
    o acariciad las taraceas de vuestros secreteres de sándalo, 
    porque sólo el perfume, si el criado 
    me tiende sobre plata una blanca tarjeta de visita, 
    me podría evocar una humana presencia. 
    Un bouquet de violetas de Parma 
    o mejor aún, una corbeille de gardenias. 
    Un hombre puede 
    arriesgarse unas cuantas veces, sobre la mesa 
    la eterna sonrisa de un amorcillo de estuco, 
    nunca hubo en Inglaterra un boudoir más perfecto, 
    mirad, hasta en los rincones una crátera de porcelana 
    para que las damas dejen caer su guante. 
    Oh, rien de plus beau que les printemps anglais, 
    decidme cómo hemos podido disipar estos años, 
    naturalmente, un par de guantes amarillos no se lleva dos veces, 
    cómo ha podido esta sangrienta burla 
    preservarnos del miedo y de la muerte. 
    Un hombre puede, a lo sumo unas cuantas veces, 
    arriesgar el silencio de su jardín cerrado. 
    Pero decid, Milady, si no estabais maravillosa preparando el clam-bake 
    con aquella guirnalda de hojas de fresa! 
    Las porcelanas en los pedestales 
    y tantísimas luces y brocados 
    para crear una ilusión de vida. 
    No, prefiero no veros, porque el aire nocturno, 
    agitando las sedas, desordenando los pétalos caídos 
    y haciendo resonar los cascabeles, 
    me entregará el perfume de las flores, que renacen y mueren en la sombra, 
    y el ansia y el deseo, y el probable dolor y la vergüenza 
    no valen el sutil perfume de las rosas 
    en esta habitación siempre cerrada.