No vive en este barrio. No conoce las tiendas. No conoce a las gentes que se afanan en ellas. No sabe a lo que vino. No compra aquí la prensa. Recuerda las esquinas que los perros recuerdan.
Y qué decir de nuestra madre España, este país de todos los demonios en donde el mal gobierno, la pobreza no son, sin más, pobreza y mal gobierno sino un estado místico del hombre, ¿la absolución final de nuestra historia?
Despiértate. La cama está más fría y las sábanas sucias en el suelo. Por los montantes de la galería llega el amanecer, con su color de abrigo de entretiempo y liga de mujer.
Inmóvil en el centro de la visión, brillando, demasiado pesada para rodar por mejilla de hombre, inmensa, decían que una nube, pretendían, querían no verla sobre la tierra oscurecida, brillar sobre la tierra oscurecida.
La misma calidad que el sol de tu país, saliendo entre las nubes: alegre y delicado matiz en unas hojas, fulgor de un cristal, modulación del apagado brillo de la lluvia.