Entonces se enviaban suspiros en las rosas, de Jaime Sabines | Poema

    Poema en español
    Entonces se enviaban suspiros en las rosas

    Entonces se enviaban suspiros en las rosas, 
    besos-palomas de balcón a balcón. 
    Pero la sucia noche revolvía alfileres, 
    sábanas, rezos, cruces, luto de amor. 

    Caras agrias, en sombra, el deseo encendió. 
    (Cuántos hijos tirados en paredes, 
    pañuelos, muslos, manos, por Dios!) 

    muro de agua, la angustia, se levantó. 
    Humo rojo en mis venas. Transfigurado cielo. 
    De polvo a polvo soy. 

    • Mansamente, insoportablemente, me dueles. 
      Toma mi cabeza. Córtame el cuello. 
      Nada queda de mí después de este amor. 

      Entre los escombros de mi alma, búscame, 
      escúchame. 
      En algún sitio, mi voz sobreviviente, llama, 
      pide tu asombro, tu iluminado silencio. 

    • Uno no sabe nada de esas cosas 
      que los poetas, los ciegos, las rameras, 
      llaman «misterio», temen y lamentan. 
      Uno nació desnudo, sucio, 
      en la humedad directa, 
      y no bebió metáforas de leche, 
      y no vivió sino en la tierra 

    • ¿Qué putas puedo hacer con mi rodilla, 
      con mi pierna tan larga y tan flaca, 
      con mis brazos, con mi lengua, 
      con mis flacos ojos? 
      ¿Que puedo hacer en este remolino 
      de imbéciles de buena voluntad? 
      ¿Que puedo con inteligentes podridos 

    • Se dice, se rumora, afirman en los salones, en las fiestas, alguien o algunos enterados, que Jaime Sabines es un gran poeta. O cuando menos un buen poeta. O un poeta decente, valioso. O simplemente, pero realmente, un poeta. 

    • El mediodía en la calle, atropellando ángeles, 
      violento, desgarbado; 
      gentes envenenadas lentamente 
      por el trabajo, el aire, los motores; 
      árboles empeñados en recoger su sombra, 
      ríos domesticados, panteones y jardines 
      transmitiendo programas musicales. 

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