Cristo en la Cruz, de Jorge Luis Borges | Poema

    Poema en español
    Cristo en la Cruz

    Cristo en la cruz. Los pies tocan la tierra. 
    Los tres maderos son de igual altura. 
    Cristo no está en el medio. Es el tercero. 
    La negra barba pende sobre el pecho. 
    El rostro no es el rostro de las láminas. 
    Es áspero y judío. No lo veo 
    y seguiré buscándolo hasta el día 
    último de mis pasos por la tierra. 
    El hombre quebrantado sufre y calla. 
    La corona de espinas lo lastima. 
    No lo alcanza la befa de la plebe 
    que ha visto su agonía tantas veces. 
    La suya o la de otro. Da lo mismo. 
    Cristo en la cruz. Desordenadamente 
    piensa en el reino que tal vez lo espera, 
    piensa en una mujer que no fue suya. 
    No le está dado ver la teología, 
    la indescifrable Trinidad, los gnósticos, 
    las catedrales, la navaja de Occam, 
    la púrpura, la mitra, la liturgia, 
    la conversión de Guthrum por la espada, 
    la Inquisición, la sangre de los mártires, 
    las atroces Cruzadas, Juana de Arco, 
    el Vaticano que bendice ejércitos. 
    Sabe que no es un dios y que es un hombre 
    que muere con el día. No le importa. 
    Le importa el duro hierro de los clavos. 
    No es un romano. No es un griego. Gime. 
    Nos ha dejado espléndidas metáforas 
    y una doctrina del perdón que puede 
    anular el pasado. (Esa sentencia 
    la escribió un irlandés en una cárcel.) 
    El alma busca el fin, apresurada. 
    Ha oscurecido un poco. Ya se ha muerto. 
    Anda una mosca por la carne quieta. 
    ¿De qué puede servirme que aquel hombre 
    haya sufrido, si yo sufro ahora? 

    Kyoto, 1984

    Jorge Luis Borges nació en Buenos Aires el 24 de agosto de 1899. Entre 1914 y 1921 vivió con su familia en Europa. A su regreso fundó las revistas Prisma y Proa, y publicó Fervor de Buenos Aires (1923) e Historia universal de la infamia (1935). Autor de poesía, cuento, ensayo y trabajos en colaboración, en las décadas siguientes su obra creció, fue traducida a más de veinticinco idiomas y alcanzó reconocimiento mundial. Fue presidente de la Sociedad Argentina de Escritores, director de la Biblioteca Nacional, miembro de la Academia Argentina de Letras y profesor de la Universidad de Buenos Aires. Recibió importantes distinciones de gobiernos extranjeros, y el título de doctor honoris causa de las universidades de Columbia, Yale, Oxford, Michigan, Santiago de Chile, La Sorbona y Harvard. Obtuvo, entre otros galardones, el Premio Nacional de Literatura (Argentina, 1956) y el Cervantes (España, 1979). Considerado uno de los más importantes escritores en lengua hispana de la historia de la literatura, murió en Ginebra el 14 de junio de 1986. 

    • Al otro, a Borges, es a quien le ocurren las cosas. Yo camino por Buenos Aires y me demoro, acaso ya mecánicamente, para mirar el arco de un zaguán y la puerta cancel; de Borges tengo noticias por el correo y veo su nombre en una terna de profesores o en un diccionario biográfico.

    • La noche nos impone su tarea 
      mágica, destejer el universo, 
      las ramificaciones infinitas 
      de efectos y de causas que se pierden 
      en ese vértigo sin fondo, el tiempo. 
      La noche quiere que esta noche olvides 
      tu nombre, tus mayores y tu sangre, 

    • He divisado, desde las páginas de Russell, la doctrina de los conjuntos, la Mengenlehre, que postula y explora los vastos números que no alcanzaría un hombre inmortal aunque agotara sus eternidades contando, y cuyas dinastías imaginarias tienen como cifras las letras del alfabeto hebreo.

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