La tristeza, de Juan Arolas | Poema

    Poema en español
    La tristeza

    Cinta di nubi ancora 
    bella é cosi la aurora, 
    la luna malinconica 
    bella é nel suo pallor. 

     
    Bella si risueña estás, 
    y si triste eres hermosa, 
    si pálida y pesarosa 
        mucho más. 
      
      Como aquel que te crió 
    y que en tus lindos ojuelos 
    puso el azul de los cielos, 
       te amo yo; 
      
      Y si el suelo en que nací 
    de miseria y de dolor 
    me merece algún amor, 
        es por ti. 
      
      Todo aquel carmín se fue 
    que formaba tu decoro; 
    estás triste y más te adoro 
        por mi fe. 
      
      Pues no es menos celestial 
    con las nubes del desmayo 
    el crepúsculo del rayo 
       matinal. 
      
      Ni pierde el sol su esplendor 
    si se entibia en el ocaso, 
    ni la luna si da escaso 
       su fulgor. 
      
      Cual en mis sueños te vi 
    me enamoras, dulce amiga, 
    ¿quieres que mi voz lo diga? 
        Pues así: 
      
      en mórbida languidez 
    cuando extravío de amor 
    ha marchitado el color 
        de tu tez: 
      
      en un párpado feliz 
    la lágrima transparente 
    que ha nacido de la fuente 
        del desliz. 
      
      El seno que se contenta 
    con un descuido muy leve, 
    y si deja ver su nieve 
        no la ostenta. 
      
      Silenciosa así te miro, 
    y en tierna enajenación 
    me rinde tu corazón 
        un suspiro. 
      
      Pero en vano el fantástico sueño 
    como nube aromática rueda 
    sobre el lecho de púrpura y seda 
    con mil formas de vario color: 
    bien refleje al espejo del alma 
    tu semblante de rosas teñido, 
    o bien pálido, triste, caído, 
    eres bella y mereces mi amor. 

      Hoy te ciñas con cándidas flores 
    que realcen tu sien inocente, 
    y mañana con cerco esplendente 
    de oriental esmeralda y rubí: 
    bien prefieras la túnica leve 
    que tu pura inocencia retrata, 
    bien deslumbre tu rica escarlata, 
    siempre bella serás para mí. 

      Si en palacios de pérfido duro 
    en el fausto del mundo te viera, 
    de perderte el temor te dijera, 
    y rendido te amara después; 
    si pastora sencilla te hallase, 
    que no tiene otro bien ni otra cosa 
    que la dicha de ser tan hermosa, 
    caería llorando a tus pies.