Como tú, de León Felipe | Poema

    Poema en español
    Como tú

    Así es mi vida, 
    piedra, 
    como tú. Como tú, 
    piedra pequeña; 
    como tú, 
    piedra ligera; 
    como tú, 
    canto que ruedas 
    por las calzadas 
    y por las veredas; 
    como tú, 
    guijarro humilde de las carreteras; 
    como tú, 
    que en días de tormenta 
    te hundes 
    en el cieno de la tierra 
    y luego 
    centelleas 
    bajo los cascos 
    y bajo las ruedas; 
    como tú, que no has servido 
    para ser ni piedra 
    de una lonja, 
    ni piedra de una audiencia, 
    ni piedra de un palacio, 
    ni piedra de una iglesia; 
    como tú, 
    piedra aventurera; 
    como tú, 
    que tal vez estás hecha 
    sólo para una honda, 
    piedra pequeña 

    ligera...

    • Deshaced ese verso, 
      Quitadle los caireles de la rima, 
      el metro, la cadencia 
      y hasta la idea misma... 
      Aventad las palabras... 
      y si después queda algo todavía, 
      eso 
      será la poesía. 
      ¿Qué 
      importa 
      que la estrella 
      esté remota 

    • A Alberto López Argüello 
       
      ¡Qué lástima 
      que yo no pueda cantar a la usanza 
      de este tiempo lo mismo que los poetas de hoy cantan! 
      ¡Qué lástima 
      que yo no pueda entonar con una voz engolada 
      esas brillantes romanzas 

    • No he venido a cantar 
      No he venido a cantar, podéis llevaros la guitarra. 
      No he venido tampoco, ni estoy aquí arreglando mi expediente 
      para que me canonicen cuando muera. 
      He venido a mirarme la cara en las lágrimas que caminan hacia el mar, 
      por el río 

    • Así es mi vida, 
      piedra, 
      como tú. Como tú, 
      piedra pequeña; 
      como tú, 
      piedra ligera; 
      como tú, 
      canto que ruedas 
      por las calzadas 
      y por las veredas; 
      como tú, 
      guijarro humilde de las carreteras; 
      como tú, 

    • Que venga el poeta. 
      Y me trajisteis aquí para contar las estrellas, 
      para bañarme en el río y para hacer dibujos en la arena. 

      Éste era el contrato. 
      Y ahora me habéis puesto a construir cepos y candados, 
      a cargar un fusil y a escribir en la oficina de un juzgado. 

    • Filosófos, 
      para alumbrarnos, nosotros los poetas 
      quemamos hace tiempo 
      el azúcar de las viejas canciones con un poco de ron. 
      Y aún andamos colgados de la sombra. 
      Oíd, 
      gritan desde la torre sin vanos de la frente: 
      ¿Quién soy yo? 

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