'El canto de la angustia', de Leopoldo Lugones | Poema

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Título: El canto de la angustia
Autor: Leopoldo Lugones
Narrador: Francisco Fernández

 

 

El canto de la angustia

 

Yo andaba solo y callado
porque tú te hallabas lejos;
y aquella noche
te estaba escribiendo,
cuando por la casa desolada
arrastró el horror su trapo siniestro.
 
Brotó la idea ciertamente,
de los sombríos objetos:
el piano,
el tintero,
la borra de café en la taza.
Y mi traje negro.
 
Sutil como las alas del perfume
vino tu recuerdo.
Tus ojos de jóven cordial y triste,
tus cabellos,
como un largo y suave pájaro
de silencio
(Los cabellos que resisten a la muerte
con la vida de la seda, en tanto misterio).
Tu boca
donde suspira
la sombra interior habitada por los sueños.
La garganta
donde veo
palpitar como un sollozo de sangre
la lenta vida en que te meces durmiendo.
 
Un vientecillo desolado,
más que soplar, titiritaba en soplo ligero.
Y entre tanto,
el silencio,
como una blanda y suspirante lluvia
caía lento.
 
Caía de la inmensidad
inmemorial y eterno.
Adivínase afuera
un cielo,
peor que oscuro;
un angustioso cielo ceniciento.
 
Y de pronto, desde la puerta cerrada
me dió en la nuca un soplo trémulo.
Y conocí que era la cosa mala
de las casas solas y miré en blanco trecho,
diciéndome: «Es una absurda
superstición, un ridículo miedo».
Y miré la pared impávida,
y noté que afuera había parado el viento.
 
¡Oh aquel desamparo exterior y enorme
del silencio!
Aquel egoísmo de puertas cerradas
que sentía en todo el pueblo.
Solamente no me atrevía
a mirar hacia atrás, aunque estaba cierto
de que no había nadie; pero nunca
¡oh nunca, habría mirado de miedo!
Del miedo horroroso
de quedarme muerto.
Poco a poco, en vegetante
pululación de escalofrío eléctrico,
erizáronse de mi cabeza
los cabellos,
uno a uno los sentía,
y aquella vida extraña era otro tormento.
 
Y contemplaba mis manos
sobre la mesa, qué extraordinarios miembros;
mis manos tan pálidas,
manos de muerto.
Y noté que no sentía
mi corazón desde hacía mucho tiempo.
Y sentí que te perdía para siempre,
con la horrible certidumbre de estar despierto.
Y grité tu nombre
con un grito interno,
con una voz extraña
que no era la mía y que estaba muy lejos.
Y entonces aquel grito
sentí que mi corazón muy adentro,
como un racimo de lágrimas,
se deshacía en llanto benéfico.
Y que era un dolor de tu ausencia
lo que había soñado despierto.

 

  • El solterón

    Largas brumas violetas
    flotan sobre el río gris
    y allá en las dársenas quietas
    sueñan oscuras goletas
    con un lejano país.
    El arrabal solitario
    tiene la noche a sus pies,
    y tiembla su campanario
    ...

  • La última careta

    La miseria se ríe con sórdida chuleta,
    su perro lazarillo le regala un festín.
    En sus funambulescos calzones va un poeta,
    y en su casaca el huérfano que tiene por delfín.
    El hambre es su pandero, la luna su peseta
    y el tango vagabundo su padre nuestro. Crin
    de león, la corona. Su baldada escopeta
    de lansquenete impávido suda un fogoso hollín.
    ...

  • El canto de la angustia

    Yo andaba solo y callado
    porque tú te hallabas lejos;
    y aquella noche
    te estaba escribiendo,
    cuando por la casa desolada
    arrastró el horror su trapo siniestro.
    Brotó la idea ciertamente,
    de los sombríos objetos:
    ...

  • Delectación morosa

    La tarde, con ligera pincelada
    que iluminó la paz de nuestro asilo,
    apuntó en su matiz crisoberilo
    una sutil decoración morada.
    Surgió enorme la luna en la enramada;
    las hojas agravaban su sigilo,
    y una araña en la punta de su hilo,
    tejía sobre el astro, hipnotizada.
    ...

  • Imagen
    Concepción Arenal

    Los dos perros

    Concepción Arenal

    Dos perros, uno sapiente
    y otro que nada sabía,
    estaban hablando un día
    de su vida diferente.
    «La mía -dijo el primero-
    está llena de delicias,
    hácenme todos caricias,
    como bien, y cuanto quiero.»
    ...

  • Imagen
    Rosalía de Castro

    Del mar azul las transparentes olas...

    Rosalía de Castro

    Del mar azul las transparentes olas
    mientras blandas murmuran
    sobre la arena, hasta mis pies rodando,
    tentadoras me besan y me buscan.
    Inquietas lamen de mi planta el borde,
    lánzanme airosas su nevada espuma,
    y pienso que me llaman, que me atraen
    hacia sus salas húmedas.
    ...

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    José Asunción Silva

    Nocturno III

    José Asunción Silva

    Una noche
    una noche toda llena de perfumes, de murmullos y de música de älas,
    Una noche
    en que ardían en la sombra nupcial y húmeda, las luciérnagas fantásticas,
    a mi lado, lentamente, contra mí ceñida, toda,
    muda y pálida
    como si un presentimiento de amarguras infinitas,
    ...

  • Imagen
    Rosalía de Castro

    Las campanas

    Rosalía de Castro

    Yo las amo, yo las oigo,
    cual oigo el rumor del viento,
    el murmurar de la fuente
    o el balido de cordero.
    Como los pájaros, ellas,
    tan pronto asoma en los cielos
    el primer rayo del alba,
    le saludan con sus ecos.
    ...