Las chicas del tenis, en grupos parejos, agracian de blanco la pradera verde que flora en un polen de sol, y a lo lejos en serenidades azules se pierde.
Érase una caverna de agua sombría el cielo; el trueno, a la distancia, rodaba su peñón; y una remota brisa de conturbado vuelo, se acidulaba en tenue frescura de limón.
Tú apaciguas mis horas batalladas, con aquella suave tristeza que es la nobleza de las vidas elevadas. Y en el misterio singular de tu suerte —grave perfume de sombría flor— la pureza de tu amor te da el deseo de la muerte.