Ay, triste España de Caín, la roja de sangre hermana y por la bilis gualda, muerdes porque no comes, y en la espalda llevas carga de siglos de congoja!
Medra machorra envidia en mente floja —te enseñó a no pensar Padre Ripalda— rezagada y vacía está tu falda e insulto el bien ajeno se te antoja
Democracia frailuna con regüeldo de refectorio y ojo al chafarote, ¡viva la Virgen!, no hace falta bieldo.
Gobierno de alpargata y de capote, timba, charada, a fin de mes el sueldo, y apedrear al loco Don Quijote.
«Me desconozco» dices, mas mira, ten por cierto que a conocerse empieza el hombre cuando clama «me desconozco» y llora; entonces a sus ojos el corazón abierto descubre de su vida la verdadera trama; entonces es su aurora.