Es la baba, de Oliverio Girondo | Poema

    Poema en español
    Es la baba

    Es la baba. 
    Su baba. 
    La efervescente baba. 
    La baba hedionda, 
    cáustica; 
    la negra baba rancia 
    que babea esta especie babosa de alimañas 
    por sus rumiantes labios carcomidos, 
    por sus pupilas de ostra putrefacta, 
    por sus turbias vejigas empedradas de cálculos, 
    por sus viejos ombligos de regatón gastado, 
    por sus jorobas llenas de intereses compuestos, 
    de acciones usurarias; 
    la pestilente baba, 
    la baba doctorada, 
    que avergüenza la felpa de las bancas con dieta 
    y otras muelles poltronas no menos escupidas. 
    La baba tartamuda, 
    adhesiva, 
    viscosa, 
    que impregna las paredes tapizadas de corcho 
    y contempla el desastre a través del bolsillo. 
    La baba disolvente. 
    La agria baba oxidada. 
    La baba. 
    ¡Sí! Es su baba... 
    lo que herrumbra las horas, 
    lo que pervierte el aire, 
    el papel, 
    los metales; 
    lo que infecta el cansancio, 
    los ojos, 
    la inocencia, 
    con sus vermes de asco, 
    con sus virus de hastío, 
    de idiotez, 
    de ceguera, 
    de mezquindad, 
    de muerte. 

    • Cobayo 
      lívido engendro digo de puna 
      que enquena el aire 
      y en uniqueja isola su yo cotudo de ámbito telúrico 
      Yo cobayo de altura 



          * 



      Poco coco del todo 
      sino inórbito asombro 
      acodado al reborde de su caries de nada 

    • Más zafio tranco diario 
      llagánima 
      masturbio 
      sino orate 
      más seca sed de móviles carnívoros 
      y mago rapto enlabio de alba albatros 
      más sacra carne carmen de hipermelosas púberes vibrátiles de sexotumba góndola 

    • Es una intensísima corriente 
      un relámpago ser de lecho 
      una dona mórbida ola 
      un reflujo zumbo de anestesia 
      una rompiente ente florescente 
      una voraz contráctil prensil corola entreabierta 
      y su rocío afrodisíaco 
      y su carnalesencia 
      natal 

    • Sobre las mesas, 
      botellas decapitadas de «champagne» con corbatas blancas de payaso, 
      baldes de níquel que trasuntan enflaquecidos brazos y espaldas de «cocottes». 
      El bandoneón canta con esperezos de gusano baboso, 
      contradice el pelo rojo de la alfombra, 

    • A D. Eugenio d‘Ors 
       
      Los frescos pintados en la pared 
      transforman el “Salón Reservado” 
      en una “Plaza de Toros”, donde el suelo 
      tiene la consistencia y el color de la “arena”: 
      gracias a que todas las noches 
      se riega la tierra con jerez. 

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