Oda al aceite, de Pablo Neruda | Poema

    Poema en español
    Oda al aceite

    Cerca del rumoroso 
    cereal, de las olas 
    del viento en las avenas, 

    el olivo 

    de volumen plateado, 
    severo en su linaje, 
    en su torcido 
    corazón terrestre; 
    las gráciles 
    olivas 
    pulidas 
    por los dedos 
    que hicieron 
    la paloma 
    y el caracol 
    marino: 
    verdes, 
    innumerables, 
    purísimos 
    pezones 
    de la naturaleza, 
    y allí 
    en 
    los secos 
    olivares 
    donde 
    tan sólo 
    cielo azul con cigarras, 
    y tierra dura 
    existen, 
    allí 
    el prodigio, 
    la cápsula 
    perfecta 
    de la oliva 
    llenando 
    con sus constelaciones el follaje: 
    más tarde 
    las vasijas, 
    el milagro, 
    el aceite. 

    Yo amo 
    las patrias del aceite, 
    los olivares 
    de Chacabuco, en Chile, 
    en las mañanas 
    las plumas de platino 
    forestales 
    contra las arrugadas 
    cordilleras 
    en Anacapri, arriba, 
    sobre la luz tirrena, 
    la desesperación de los olivos, 
    en el mapa de Europa, 
    España, 
    cesta negra de aceitunas 
    espolvoreada por los azahares 
    como una ráfaga marina. 

    Aceite, 
    recóndita y suprema 
    condición de la olla, 
    pedestal de perdices, 
    llave celeste de la mayonesa, 
    suave y sabroso 
    sobre las lechugas 
    y sobrenatural en el infierno 
    de los arzobispales pejerreyes. 
    Aceite, en nuestra voz, en 
    nuestro coro, 
    con 
    íntima 
    suavidad poderosa 
    cantas; 
    eres idioma castellano: 
    hay sílabas de aceite, 
    hay palabras 
    útiles y olorosas 
    como tu fragante materia. 
    No sólo canta el vino, 
    también canta el aceite, 
    vive en nosotros con su luz madura 
    y entre los bienes de la tierra 
    aparto, 
    aceite, 
    tu inagotable paz, tu esencia verde, 
    tu colmado tesoro 
    que desciende 
    desde los manantiales del olivo.

    Ricardo Eliécer Neftalí Reyes Basoalto nació en Parral, Chile, el 12 de julio de 1904 conocido por el seudónimo y, más tarde, el nombre legal de Pablo Neruda, fue un poeta chileno, considerado uno de los mayores y más influyentes de su siglo, siendo llamado por el novelista Gabriel García Márquez «el más grande poeta del siglo XX en cualquier idioma». Entre sus múltiples reconocimientos destaca el Premio Nobel de Literatura en 1971. En 1917, publica su primer artículo en el diario La Mañana de Temuco, con el título de Entusiasmo y perseverancia. En esta ciudad escribió gran parte de los trabajos, que pasarían a integrar su primer libro de poemas: Crepusculario. En 1924 publica su famoso Veinte poemas de amor y una canción desesperada, en el que todavía se nota una influencia del modernismo. En 1927, comienza su larga carrera diplomática en Rangún, Birmania. Será luego cónsul en Sri Lanka, Java, Singapur, Buenos Aires, Barcelona y Madrid. En sus múltiples viajes conoce en Buenos Aires a Federico García Lorca y en Barcelona a Rafael Alberti. Pregona su concepción poética de entonces, la que llamó «poesía impura», y experimenta el poderoso y liberador influjo del Surrealismo. En 1935, aparece la edición madrileña de Residencia en la tierra.