Nuevo mundo, de Rafael Cadenas | Poema

    Poema en español
    Nuevo mundo



    He quemado las fórmulas. Dejé de hacer exorcismos. Lejos, lejos queda el antiguo poder, mi legado. Hálito de fogata en mis narices, mi idioma desintegrado, la sombra todavía húmeda de un sortilegio. Como vena de agua en la oscuridad otra vida avanza. Todo el arrasamiento ha sido para desplazarme, para vivir en otra articulación. 





    Papeles del amanecer. Siempre hablan de la patria adoptiva, la que me ha dado. Hojas amontonadas como para una ceremonia. Sacrificio a un dios de ébano. 





    Esas escrituras invariables. 

    Siempre regreso al mismo idioma. Un cuero embrujado de animal. 
    Inatrapable, pero presente como la vida de un antepasado. 

    Tejido sobre el tejido, la lengua muerta del amor, fuego que me ha hecho 
    adicto a un culto insinuante. 





    El amanecer no me devuelve el amuleto perdido. Desde una playa un 
    anciano hace señales. Trato de regresar a los pozos, pero no sé el camino. 





    Entra mi sombra 
    Trae una serpiente, un búfalo, una mujer, una casa, 
    un muelle. 
    Intoxicación de cobres salvajes. 
    Avanza, avanza. 
    Droga. 
    Se apodera de lo que miro. 
    Va marcando aquí y allá, todo. 
    Luego huye para unirse a un animal. 

    Se pierde entre las hojas como un ave. 





    Memoria que sale a buscar cosas huidizas. Posesiones que pertenecen 
    menos a su dueño que al aire. Eso que un cofre de madera quiere proteger no 
    nació para las palabras. Sólo yo me empeño en quitárselo a los ojos. 

    ¿Qué lengua traerá los tesoros sin tocarlos? 
    Al fondo un rey enfermo me ve partir. 
    Yo le entrego un estuche con un rubí ansioso. 





    Voy, abriéndome paso por entre la aspereza, al lugar donde está guardado 
    mi retrato futuro. 





    Un fuego remoto me sostiene. De su aura roja tomo mis préstamos. 
    Pasadizo hacia la incandescencia, no admites plazos. 





    Orgía vegetal. 
    Una mujer desnuda se acuesta bajo la lluvia. 

    Texturas donde una ausencia se mira. 

    Caverna olorosa, condúceme. 



    10 



    Légamos jamás recuperados. 

    De repente un roce. El universo de la piel. El hilo extraviado en el viaje. 
    Estoy bañado por lo que vive, por lo que muere. 

    Cada día es el primer día, cada noche la primera noche, y yo, yo también 
    soy el primer habitante.