Altazor - Canto II, de Vicente Huidobro | Poema

    Poema en español
    Altazor - Canto II


    Se hace más alto el cielo en tu presencia 
    La tierra se prolonga de rosa en rosa 
    Y el aire se prolonga de paloma en paloma 

    Al irte dejas una estrella en tu sitio 
    Dejas caer tus luces como el barco que pasa 
    Mientras te sigue mi canto embrujado 
    Como una serpiente fiel y melancólica 
    Y tú vuelves la cabeza detrás de algún astro 

    ¿Qué combate se libra en el espacio? 
    Esas lanzas de luz entre planetas 

    Reflejo de armaduras despiadadas 
    ¿Qué estrella sanguinaria no quiere ceder el paso? 
    En dónde estás triste noctámbula 
    Dadora de infinito 
    Que pasea en el bosque los sueños 

    Heme aquí perdido entre mares desiertos 
    Solo como la pluma que se cae de un pájaro en la noche 
    Heme aquí en una torre de frío 
    Abrigado del recuerdo de tus labios marítimos 
    Del recuerdo de tus complacencias y de tu cabellera 
    Luminosa y desatada como los ríos de la montaña 
    ¿Irías a ser ciega que Dios te dio esas manos? 
    Te pregunto otra vez 

    El arco de tus cejas tendido para las armas de los ojos 
    En la ofensiva alada vencedora segura con orgullos de flor 
    Te hablan por mí las piedras aporreadas 
    Te hablan por mí las olas de pájaros sin cielo 
    Te habla por mí el color de los paisajes sin viento 
    Te habla por mí el rebaño de ovejas taciturnas 

    Dormido en tu memoria 
    Te habla por mí el arroyo descubierto 
    La yerba sobreviviente atada a la aventura 
    Aventura de luz y sangre de horizonte 
    Sin más abrigo que una flor que se apaga 
    Si hay un poco de viento 

    Las llanuras se pierden bajo tu gracia frágil 
    Se pierde el mundo bajo tu andar visible 
    Pues todo es artificio cuando tú te presentas 
    Con tu luz peligrosa 
    Inocente armonía sin fatiga ni olvido 
    Elemento de lágrimas que rueda hacia adentro 
    Construido de miedo altivo y de silencio. 

    Haces dudar al tiempo 
    Y al cielo con instintos de infinito 
    Lejos de ti todo es mortal 
    Lanzas la agonía por la tierra humillada de noches 
    Sólo lo que piensa en ti tiene sabor a eternidad 

    He aquí tu estrella que pasa 
    Con tu respiración de fatigas lejanas 
    Con tus gestos y tu modo de andar 

    Con el espacio magnetizado que te saluda 
    Que nos separa con leguas de noche 

    Sin embargo te advierto que estamos cosidos 
    A la misma estrella 
    Estamos cosidos por la misma música tendida 
    De uno a otro 
    Por la misma sombra gigante agitada como árbol 
    Seamos ese pedazo de cielo 
    Ese trozo en que pasa la aventura misteriosa 
    La aventura del planeta que estalla en pétalos de sueño 

    En vano tratarías de evadirte de mi voz 
    Y de saltar los muros de mis alabanzas 
    Estamos cosidos por la misma estrella 

    Estás atada al ruiseñor de las lunas 
    Que tiene un ritual sagrado en la garganta 

    Qué me importan los signos de la noche 
    Y la raíz y el eco funerario que tengan en mi pecho 
    Qué me importa el enigma luminoso 
    Los emblemas que alumbran el azar 
    Y esas islas que viajan por el caos sin destino a mis ojos 
    Qué me importa ese miedo de flor en el vacío 
    Qué me importa el nombre de la nada 
    El nombre del desierto infinito 
    O de la voluntad o del azar que representan 
    Y si en ese desierto cada estrella es un deseo de oasis 
    O banderas de presagio y de muerte 

    Tengo una atmósfera propia en tu aliento 
    La fabulosa seguridad de tu mirada con sus constelaciones íntimas 
    Con su propio lenguaje de semilla 
    Tu frente luminosa como un anillo de Dios 
    Más firme que todo en la flora del cielo 
    Sin torbellinos de universo que se encabrita 
    Como un caballo a causa de tu sombra en el aire 

    Te pregunto otra vez 
    ¿Irías a ser muda que Dios te dio esos ojos? 

    Tengo esa voz tuya para toda defensa 
    Esa voz que sale de ti en latidos de corazón 
    Esa voz en que cae la eternidad 
    Y se rompe en pedazos de esferas fosforescentes 

    ¿Qué sería la vida si no hubieras nacido? 
    Un cometa sin manto muriéndose de frío 

    Te hallé como una lágrima en un libro olvidado 
    Con tu nombre sensible desde antes en mi pecho 

    Tu nombre hecho del ruido de palomas que se vuelan 
    Traes en ti el recuerdo de otras vidas más altas 
    De un Dios encontrado en alguna parte 
    Y al fondo de ti misma recuerdas que eras tú 
    El pájaro de antaño en la clave del poeta 

    Sueño en un sueño sumergido 
    La cabellera que se ata hace el día 
    La cabellera al desatarse hace la noche 
    La vida se contempla en el olvido 
    Sólo viven tus ojos en el mundo 
    El único sistema planetario sin fatiga 
    Serena piel anclada en las alturas 
    Ajena a toda red y estratagema 
    En su fuerza de luz ensimismada 
    Detrás de ti la vida siente miedo 
    Porque eres la profundidad de toda cosa 
    El mundo deviene majestuoso cuando pasas 
    Se oyen caer lágrimas del cielo 
    Y borras en el alma adormecida 
    La amargura de ser vivo 
    Ha hace liviano el orbe en las espaldas 

    Mi alegría es oír el ruido del viento en tus cabellos 
    (Reconozco ese ruido desde lejos) 
    Cuando las barcas zozobran y el río arrastra troncos de 
    árbol 
    Eres una lámpara de carne en la tormenta 
    Con los cabellos a todo viento 
    Tus cabellos donde el sol va a buscar sus mejores sueños 
    Mi alegría es mirarte en el diván del mundo 
    Como la mano de una princesa soñolienta 
    Con tus ojos que evocan un piano de olores 
    Una bebida de paroxismos 
    Una flor que está dejando de perfumar 
    Tus ojos hipnotizan la soledad 
    Como la rueda que sigue girando después de la catástrofe 

    Mi alegría es mirarte cuando escuchas 
    Ese rayo de luz que camina hacia el fondo del agua 
    Y te quedas suspensa largo rato 

    Tantas estrellas pasadas por el harnero del mar 
    Nada tiene entonces semejante 
    emoción 
    Ni un mástil pidiendo viento 
    Ni un aeroplano ciego palpando el infinito 
    Ni la paloma demacrada dormida sobre un lamento 
    Ni el arco iris con las alas selladas 
    Más bello que la parábola de un verso 
    La parábola tendida en puente nocturno de alma a alma 

    Nacida en todos los sitios donde pongo los ojos 
    Con la cabeza levantada 
    Y todo el cabello al viento 
    Eres más hermosa que el relincho de un potro en la montaña 
    Que la sirena de un barco que deja escapar toda su alma 
    Que un faro en la neblina buscando a quién salvar 
    Eres más hermosa que la golondrina atravesada por el viento 
    Eres el ruido del mar en verano 
    Eres el ruido de una calle populosa llena de admiración 

    Mi gloria está en tus ojos 
    Vestida del lujo de tus ojos y de su brillo interno 
    Estoy sentado en el rincón más sensible de tu mirada 
    Bajo el silencio estático de inmóviles pestañas 
    Viene saliendo un augurio del fondo de tus ojos 
    Y un viento de océano ondula tus pupilas 

    Nada se compara a esa leyenda de semillas que deja tu presencia 
    A esa voz que busca un astro muerto que volver a la vida 
    Tu voz hace un imperio en el espacio 
    Y esa mano que se levanta en ti como si fuera a colgar soles en en el 
    aire 
    Y ese mirar que escribe mundos en el infinito 
    Y esa cabeza que se dobla para escuchar un murmullo en la eternidad 
    Y ese pie que es la fiesta de los caminos encadenados. 
    Y esos párpados donde vienen a vararse las centellas del 
    éter 
    Y ese beso que hincha la proa de tus labios 
    Y esa sonrisa como un estandarte al frente de tu vida 
    Y ese secreto que dirige las mareas de tu pecho 
    Dormido a la sombra de tus senos 

    Si tú murieras 
    Las estrellas a pesar de su lámpara encendida 
    Perderían el camino 
    ¿Qué sería del universo? 

    Vicente Huidobro (Chile, 1893-1948), es considerado, junto a Neruda, de Rokha y Mistal, uno de los cuatro grandes de la poesía chilena. Inició el movimiento artístico llamado "Creacionismo", que pretendía hacer de la poesía un instrumento de creación absoluta donde el mundo de los objetos sería secundario, creando un mundo referencial de la propia poesía.