La chopera, de Álvaro Sarró | Poema

    Poema en español
    La chopera

    Los cabrones avariciosos del pueblo han talado todos los chopos de la ribera.
    Ahora, el río fluye calvo a su paso por el municipio.
    Entre los lugareños se comenta que los mandatarios se han embolsado 100.000 euros con la acción.
    Sólo han dejado en pie el viejo tronco donde anida la cigüeña.
    Cientos de tocones lo observan, envidiosos, a ras de suelo.

    Papá solía columpiarme en la chopera.
    La pantalla de mi móvil se cascó contra sus guijarros.
    Algunos chavales pescaban a la sombra.
    Otros tragaban nubes paradisíacas.
    Se daba y recibía amor (arrugados y pringosos pañuelos así lo atestiguan).
    Se jugaba al Medievo...
    La zona no se habrá recuperado hasta mis cuarenta.
    Por el momento, mi pueblo es visible desde la carretera de Cervera.
    Un puñado de luces desnudas, moribundas y tristes.

    • Tipos con toda la cara de un neandertal me observan desde detrás de sus cubatas de cuatro euros.
      Me analizan, dentro de sus posibilidades.
      Se preguntan qué hace una mujer como ella con un niñato como yo.
      Noto sus miradas clavándose en mi cogote.

    • Estoy tumbado en el sofá.
      Ella, sentada en su sillón.
      Nuestras manos, enlazadas.
      Y en la tele, María Teresa Campos, Ana Obregón, y todo el equipo.
      Ella recuerda sus tiempos de novia.
      Me pregunta por la mía.
      Sonrío, y le acaricio los nudillos.

    • Disfruto de un interesante sueldo.
      Aprovecho mi privilegiada situación social.
      Me financio los vicios.
      Poseo vastos conocimientos teóricos.
      Me gusta considerarme progresista, creador, artista.
      Pero la gente superficial (y mala) añade datos a mi descripción.

    • Los cabrones avariciosos del pueblo han talado todos los chopos de la ribera.
      Ahora, el río fluye calvo a su paso por el municipio.
      Entre los lugareños se comenta que los mandatarios se han embolsado 100.000 euros con la acción.

    • El dolor de tripa.
      Las mismas trabas a la hora de narrar.
      Todo le suena pretencioso, envasado, artificial.
      Debe recuperar la furia de días pasados.
      Entonces, las historias brotaban como pus.
      Removían mentalidades.
      Eso es lo que trata de hacer.

    • A veces, estando solo en mi habitación, lloro de angustia.
      Procuro no hacer ruido, por lo que, generalmente, me cuesta respirar.
      Escribir no consigue aliviar este miedo a perder a los míos.
      Vivo atenazado por el temor de que cada instante compartido sea el último.

    banner cuadrado de Audible
    banner horizontal de Audible