Moratones y agujetas en un hotel de chinos, de Álvaro Sarró | Poema

    Poema en español
    Moratones y agujetas en un hotel de chinos

    La chica tenía los ojos amarillos.
    Las manos pequeñas.
    Los pies tatuados.
    Y no le gustaba quitarse el sostén.

    Tenía algo increíble en su interior.
    Un talento de la hostia.

    De acuerdo, estaba loca.
    Pero aquel nimio detalle
    potenciaba su encanto
    hasta la bóveda celeste.

    • En nuestro día a día es imposible captarlo; salvo, quizás, cuando estás embebido en el torbellino de tu imaginación. (Especialmente, si el reloj de la mesilla marca las dos y cuarenta y tres de la madrugada).
      Encerrado, en la habitación asfixiante.

    • Cada día me asemejo un poco más al cadáver que seré.
      Algunas veces la evidencia me atenaza.
      Me paro frente al espejo.
      E intento verme morir.
      Segundo a segundo.
      Célula a célula.
      Una ojerosa imagen me devuelve la tentativa desde el otro lado.

    • Nunca me han apuntado a la cabeza con un arma.
      Ni he sacado a un familiar de un charco de vómitos.

      Nunca he sufrido privaciones materiales.
      Ni me he sentido abandonado por los míos.

      Nunca han intentado prenderme fuego.
      Ni me han rajado la cara con una botella.

    • El futuro allí enfrente, riéndose de él.
      El pasado detrás, atormentándolo.
      'Suerte que tengo este whisky de oferta', pensó el niñato.
      Y se sirvió otro chorro, procurando acertar en el vaso que se encontraba al otro lado de la ventana de lágrimas.

    • Un atónito búho de conchas me espía desde detrás de la catedral de Palma, en la estantería azul.
      La llama de una vela se menea ante los rostros de la Virgen y Jesucristo.
      Un angelillo toca el laúd, bien cerca.

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