Eres un inútil. No das un palo al agua. Eres un inútil. Lo único que haces es levantarte a la una. Eres un inútil. Lo único que haces es pasarte el santo día tirado en el sofá. ERES UN INÚTIL.
Masticamos embutidos burgaleses frente a la Torre de Londres. Mientras un par de gaviotas defecan sobre los inmortales leones. Y una miríada de japoneses inmoviliza el instante.
Nochebuena. El rey ya ha balbuceado su arenga. La familia se reúne en torno a una mesa invadida por vieiras gratinadas y langostinos. En las copas, el vino ecológico de tía M. En los cuerpos, sus efectos.
Mi vaso de tubo mantiene el equilibrio sobre el curvado expendedor de papel higiénico. La rodaja de limón flota impávida entre cubos de hielo en descomposición. Meo con las manos en los bolsillos y la espalda contra la puerta del retrete. Milagrosamente estoy acertando.
26 de julio de 2012. Nueve y pico de la tarde. Salgo de casa. No aviso a L. Estará gozando en las fiestas de su pueblo. (Y no quisiera preocuparla en balde). Giro el contacto. Empieza a chispear. Conduzco hacia la R-3. Huele a tormenta.
El jefe jefazo tiene cara de mala hostia. Lleva el pelo de oreja a oreja, como lamido por un choto. Camisa azul, por dentro del pantalón, como sujeción para su barriga colgandera.