Sirenas, de Álvaro Sarró | Poema

    Poema en español
    Sirenas

    Las sirenas azules aúllan atravesando la avenida.
    A toda velocidad.
    Dos, cuatro, seis.
    Se saltan semáforos.
    Provocan frenazos.
    E improperios.
    En Vicálvaro deben de tener mucho follón.
    O un menú del día que te cagas.
    Jornada tras jornada.
    A la hora de la comida.
    Las Fuerzas del Orden vuelan en una misma dirección.
    'Eso es que ya se ha ido el de la escopeta',
    que diría Juan Manuel Chavero.

    Pero hoy es distinto.

    Hoy, el primer vehículo ha arrollado a un chavalín.
    Su límpida sangre fluye bajo la manta térmica.
    La madre chilla histérica.
    Gira como el bombo de la lotería.
    (Creo que está embarazada).

    Hoy, el madero tiene el rostro gris y suda lejía.
    Parece que se va a quedar sin postre.

    ¡Lástima!

    Tocaba tarta de queso.
    Su favorita.

    • Me vacío con ojos borrosos.
      En el minúsculo cuarto de baño de hombres hay también una rubia despampanante.
      Treinta y pocos gloriosos años.
      Su pelo me roza la cara.
      'Oye, estás tardando mucho, ¿no?'.
      Huele a cerveza, marihuana y sudor.

    • Tipos con toda la cara de un neandertal me observan desde detrás de sus cubatas de cuatro euros.
      Me analizan, dentro de sus posibilidades.
      Se preguntan qué hace una mujer como ella con un niñato como yo.
      Noto sus miradas clavándose en mi cogote.

    • Nunca me han apuntado a la cabeza con un arma.
      Ni he sacado a un familiar de un charco de vómitos.

      Nunca he sufrido privaciones materiales.
      Ni me he sentido abandonado por los míos.

      Nunca han intentado prenderme fuego.
      Ni me han rajado la cara con una botella.

    • A veces, estando solo en mi habitación, lloro de angustia.
      Procuro no hacer ruido, por lo que, generalmente, me cuesta respirar.
      Escribir no consigue aliviar este miedo a perder a los míos.
      Vivo atenazado por el temor de que cada instante compartido sea el último.

    • En nuestro día a día es imposible captarlo; salvo, quizás, cuando estás embebido en el torbellino de tu imaginación. (Especialmente, si el reloj de la mesilla marca las dos y cuarenta y tres de la madrugada).
      Encerrado, en la habitación asfixiante.

    banner cuadrado de Audible
    banner horizontal de Audible