'La cabellera', de Charles Baudelaire | Poema

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Título: La cabellera
Autor: Charles Baudelaire
Narrador: Francisco Fernández

 

 

La cabellera

 

¡Oh, vellón, rizándose hasta la nuca!
¡Oh, bucles, ¡Oh, perfume saturado de indolencia!
¡Éxtasis! ¡Para poblar esta tarde la alcoba oscura
con los recuerdos adormecidos en esta cabellera
yo la quiero agitar en el aire como un pañuelo!

¡La lánguida Asia y la ardiente África,
todo un mundo lejano, ausente, casi difunto,
vive en tus profundidades, selva aromática!
Así como otros espíritus bogan sobre la música,
el mío, ¡oh, mi amor! flota sobre tu perfume.

Yo acudiré allá donde el árbol y el hombre, llenos de savia,
desfallecen largamente bajo el ardor de los climas;
fuertes trenzas, ¡Sed la ola que me arrebata!
Tú contienes, mar de ébano, un deslumbrante sueño
de velas, de remeros, de llamas y de mástiles:

Un puerto ruidoso en el que mi alma puede beber
a raudales el perfume, el sonido y el color;
en el que los navíos, deslizándose en el oro y en la seda,
abren sus amplios brazos para abarcar la gloria
de un cielo puro en el que palpita el eterno calor.

Sumergiré mi cabeza anhelante de embriaguez,
en este negro océano donde el otro está encerrado;
y mi espíritu sutil que el rolido acaricia
sabrá encontrarte ¡oh fecunda pereza!
¡Infinitos arrullos del ocio embalsamado!

Cabellos azules, pabellón de tinieblas tendidas,
me volvéis el azur del cielo inmenso y redondo;
sobre los bordes aterciopelados de tus crenchas retorcidas
me embriago ardientemente con los olores confundidos
del aceite de coco, del almizcle y la brea.

¡Hace tiempo! ¡Siempre! ¡Mi mano en tus crines pesadas
sembrará el rubí, la perla y el zafiro,
a fin de que a mi deseo jamás seas sorda!
¿No eres tú el oasis donde sueño, y la calabaza
de la que yo sorbo a largos tragos el vino del recuerdo?

 

  • La cabellera

    ¡Oh, vellón, rizándose hasta la nuca!
    ¡Oh, bucles, ¡Oh, perfume saturado de indolencia!
    ¡Éxtasis! ¡Para poblar esta tarde la alcoba oscura
    con los recuerdos adormecidos en esta cabellera
    yo la quiero agitar en el aire como un pañuelo!
    ¡La lánguida Asia y la ardiente África,
    todo un mundo lejano, ausente, casi difunto,
    vive en tus profundidades, selva aromática!
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    Rosalía de Castro

    Las campanas

    Rosalía de Castro

    Yo las amo, yo las oigo,
    cual oigo el rumor del viento,
    el murmurar de la fuente
    o el balido de cordero.
    Como los pájaros, ellas,
    tan pronto asoma en los cielos
    el primer rayo del alba,
    le saludan con sus ecos.
    ...

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    Rosalía de Castro

    Hora tras hora, día tras día...

    Rosalía de Castro

    Hora tras hora, día tras día,
    entre el cielo y la tierra que quedan
    eternos vigías,
    como torrente que se despeña
    pasa la vida.
    Devolvedle a la flor su perfume
    después de marchita;
    de las ondas que besan la playa
    ...

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    Rosalía de Castro

    Dicen que no hablan las plantas, ni las fuentes, ni los pájaros...

    Rosalía de Castro

    Dicen que no hablan las plantas, ni las fuentes, ni los pájaros,
    ni el onda con sus rumores, ni con su brillo los astros,
    lo dicen, pero no es cierto, pues siempre cuando yo paso,
    de mí murmuran y exclaman:
    —Ahí va la loca soñando
    con la eterna primavera de la vida y de los campos,
    y ya bien pronto, bien pronto, tendrá los cabellos canos,
    y ve temblando, aterida, que cubre la escarcha el prado.
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    Concepción Arenal

    El anteojo

    Concepción Arenal

    Juan y Pedro, una disputa
    trabaron, estrepitosa,
    sobre si grande una cosa
    era, o si era diminuta.
    La mano en el corazón
    juraban decir verdad
    ambos con sinceridad,
    y uno sólo con razón.
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