Dos clases de infierno, de Charles Bukowski | Poema

    Poema en español
    Dos clases de infierno

    Estuve sentado en el mismo bar durante siete años, desde las 
    seis de la tarde 
    hasta las dos de la mañana. 

    a veces no recordaba haber vuelto 
    a mi habitación. 

    era como si estuviera sentado en ese taburete 
    continuamente. 

    no tenía dinero pero de alguna manera seguían 
    poniéndome copas. 
    no era el payaso del bar sino más bien el 
    bobo. 
    pero a menudo un bobo es capaz de encontrar a alguien 
    más bobo que lo invite a beber. 
    por suerte, era un garito 
    concurrido. 

    pero yo tenía un punto de vista: estaba a la espera de 
    que ocurriera 
    algo extraordinario. 
    sin embargo, a medida que iban transcurridos los años 
    no ocurría nada a menos que lo 
    provocara yo: 

    un espejo roto en el bar, una pelea con un gigante de 
    dos metros y pico, un flirteo con una lesbiana, 
    la capacidad para llamar al pan pan y al vino vino y 
    resolver disputas que no había empezado 
    yo, y demás... 

    un día sencillamente me levanté y me fui. 

    así, sin más. 

    y al empezar a beber a solas mi propia compañía me resultaba 
    más que satisfactoria. 

    luego, como si a los dioses les incordiara mi tranquilidad 
    de espíritu, las mujeres empezaron a llamar a mi puerta. 
    !los dioses enviaban mujeres al 
    bobo¡ 

    las mujeres llegaban de una en una y cada vez que se 
    marchaba alguna 
    los dioses enviaban a otra de inmediato, sin darme 
    el más mínimo respiro. 

    y todas parecían al principio un nuevo milagro, pero todo 
    lo que 
    al principio parecía maravilloso terminaba 
    mal. 

    culpa mía, claro, sí eso solían 
    decirme. 

    los dioses son incapaces de dejarle a un tipo de beba solo; 
    tienen envidia de los 
    placeres sencillos; así que envían a una mujer que 
    llame a tu puerta. 
    recuerdo todos aquellos hoteles baratos; era como si todas 
    las mujeres; 
    fueran la misma; el primer delicado golpecito en la puerta 
    de madera y luego: 
    -vaya, he oído esa música tan hermosa que escuchas en la 
    radio. somos 
    vecinos. !estoy en la 603 pero nunca te he visto 
    por el pasillo¡ 

    -adelante. 

    y la santidad se iba al carajo. 

    también recuerdas aquella vez que 
    te acercaste por detrás al gigante de dos metros y pico y le 
    tiraste 
    el gorro vaquero, al tiempo que gritabas: 
    -!eres tan alto que seguro que no puedes chuparle los 
    pezones 
    a tu madre¡ 

    y alguien en el bar dijo: -oiga, caballero, olvídelo, está 
    grillado, es un gilipollas, no sabe lo que 
    se dice¡ 

    -sé EXACTAMENTE lo que me digo y voy a decirlo otra vez: 
    >>eres tan alto que seguro... >>. 

    la pelea la ganó él pero no moriste, no tal como moriste 
    por dentro después de que 
    los dioses dispusieran que todas esas mujeres fueran a 
    llamar a tu puerta. 

    la pelea a puñetazos fue más limpia: él era lento, estúpido e 
    incluso estaba un tanto 
    asustado y la batalla te fue bastante bien durante un buen 
    rato, 
    tal como te fue al principio con todas esas mujeres que enviaron 
    los dioses. 

    la diferencia, decidí, estribaba en que al menos tuve una 
    oportunidad con las 
    mujeres.

    Charles Bukowski nació en Adernach, (1920-1994). Vivió en su infancia y adolescencia en un entorno familiar y social violento, hecho que marcaría el devenir de su posterior producción literaria. Pieza capital de la que se vino en llamar generación beat, su vida fue tan radical como las historias narradas en sus propias obras. Adicto al sexo, las drogas y el alcohol, su literatura, casi autobiográfica, es fiel reflejo de su lucha contra el aburguesamiento y la comodidad. Su realismo descarnado y lírico y su humor ácido y desencantado han influido en multitud de escritores de generaciones posteriores.