La muerte de un idiota, de Charles Bukowski | Poema

    Poema en español
    La muerte de un idiota

    hablaba con los ratones y los gorriones 
    y su cabello era blanco a los 16. 
    su padre le golpeaba todos los días y su madre 
    encendía velas en la iglesia. 
    su abuela iba mientras el niño dormía 
    y rezaba para que el diablo lo dejara libre 
    de su poder sobre él 
    mientras su madre escuchaba y lloraba sobre la 
    biblia. 

    parecía no darse cuenta de las chicas 
    parecía no darse cuenta de los juegos de los chicos 
    no parecía darse cuenta de mucho 
    simplemente no parecía interesado. 

    tenía una muy grande, fea boca y los dientes 
    le sobresalían 
    y sus ojos eran pequeños y sin brillo. 
    tenía los hombros caídos y la espalda encorvada 
    como la de un viejo. 

    vivía en nuestro vecindario. 
    hablábamos de él cuando nos aburríamos y después 
    pasábamos a cosas más interesantes. 
    muy pocas veces salía de su casa. nos hubiera gustado 
    torturarlo 
    pero su padre 
    que era un hombre enorme y terrible 
    lo torturaba por 
    nosotros. 

    un día el chico murió. a los 17 todavía era un 
    niño. una muerte en un barrio pequeño se conoce 
    enseguida y se olvida 3 o 4 días 
    después. 

    pero la muerte de este chico pareció quedarse con 
    todos nosotros. seguimos hablando de ello 
    con nuestras voces de niños-hombres 
    a las 6 p.m. justo antes del anochecer 
    justo antes de la cena. 

    y cada vez que conduzco a través de ese barrio ahora 
    décadas después 
    sigo pensando en su muerte 
    mientras que he olvidado todas las otras muertes 
    y todo lo demás que sucedió 
    entonces.  

    Charles Bukowski nació en Adernach, (1920-1994). Vivió en su infancia y adolescencia en un entorno familiar y social violento, hecho que marcaría el devenir de su posterior producción literaria. Pieza capital de la que se vino en llamar generación beat, su vida fue tan radical como las historias narradas en sus propias obras. Adicto al sexo, las drogas y el alcohol, su literatura, casi autobiográfica, es fiel reflejo de su lucha contra el aburguesamiento y la comodidad. Su realismo descarnado y lírico y su humor ácido y desencantado han influido en multitud de escritores de generaciones posteriores.

    • No desvistas mi amor 
      podrías encontrar un maniquí: 
      no desvistas el maniquí 
      podrías encontrar 
      mi amor. 

      hace mucho que ella 
      me ha olvidado. 

      se está probando un nuevo 
      sombrero 
      y parece más 
      coqueta 
      que nunca. 

    • Me desperté en medio de la sequedad y los helechos estaban muertos, 
      las plantas amarillas como maíz en sus tiestos; 
      mi mujer se había marchado 
      y las botellas vacías como cadáveres desangrados 
      me rodean con su inutilidad; 
      sin embargo seguía brillando el sol, 

    • Oh dios, tenía una tristeza espantosa, 
      aquella mujer estaba allí sentada y 
      me dijo 
      ¿es usted realmente Charles Bukowski? 
      y yo le dije 
              dejemos eso 
      no me encuentro bien 
      tengo una tremenda tristeza 
      y lo único que quiero es 

    • Hay suficiente traición, odio, violencia y necedad en el ser humano corriente 
      como para abastecer cualquier ejercito o cualquier jornada. 
      Y los mejores asesinos son aquellos 
      que predican en su contra. 
      Y los que mejor odian son aquellos 
      que predican amor. 

    • esperando a la muerte 
      como a un gato 
      que saltará sobre la 
      cama 

      estoy muy afligido por 
      mi esposa 

      ella verá este 
      tieso 
      blanco 
      cuerpo 
      lo sacudirá una vez, quizás 
      de nuevo 

      “Hank!” 

      Hank no 
      responderá 

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