Los orgullosos y delgados moribundos, de Charles Bukowski | Poema

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    Los orgullosos y delgados moribundos

    veo gente vieja, jubilada en los supermercados  
    y son delgados y orgullosos  
    y están muriéndose  
    están hambrientos de pie y sin decir nada.  
     tiempo atrás, entre otras mentiras,  
    les enseñaron que el silencio era valentía.  
    ahora, habiendo trabajado toda una vida,  
    la inflación los ha atrapado.  
    miran alrededor  
    roban una uva  
    la mastican.  
     finalmente hacen una pequeñísima compra, la ganancia del día.  
    otra mentira que les enseñaron: no debes robar.  
    preferirían pasar hambre a robar  
    (una uva no es algo tan grave)  
    y en pequeñas habitaciones  
    leen los anuncios del mercado  
    pasan hambre  
    mueren sin emitir sonido  
    echados de pensiones  
    por jóvenes rubios de cabello largo  
    que los tirarán a la calle,  
    estos chicos de hermosos ojos  
    pensando en Las Vegas  
    en sexo y victoria.  
    es el orden de las cosas:  
    todos  
    probamos la miel  
    luego el cuchillo. 

    Charles Bukowski nació en Adernach, (1920-1994). Vivió en su infancia y adolescencia en un entorno familiar y social violento, hecho que marcaría el devenir de su posterior producción literaria. Pieza capital de la que se vino en llamar generación beat, su vida fue tan radical como las historias narradas en sus propias obras. Adicto al sexo, las drogas y el alcohol, su literatura, casi autobiográfica, es fiel reflejo de su lucha contra el aburguesamiento y la comodidad. Su realismo descarnado y lírico y su humor ácido y desencantado han influido en multitud de escritores de generaciones posteriores.

    • No desvistas mi amor 
      podrías encontrar un maniquí: 
      no desvistas el maniquí 
      podrías encontrar 
      mi amor. 

      hace mucho que ella 
      me ha olvidado. 

      se está probando un nuevo 
      sombrero 
      y parece más 
      coqueta 
      que nunca. 

    • Me desperté en medio de la sequedad y los helechos estaban muertos, 
      las plantas amarillas como maíz en sus tiestos; 
      mi mujer se había marchado 
      y las botellas vacías como cadáveres desangrados 
      me rodean con su inutilidad; 
      sin embargo seguía brillando el sol, 

    • Oh dios, tenía una tristeza espantosa, 
      aquella mujer estaba allí sentada y 
      me dijo 
      ¿es usted realmente Charles Bukowski? 
      y yo le dije 
              dejemos eso 
      no me encuentro bien 
      tengo una tremenda tristeza 
      y lo único que quiero es 

    • Hay suficiente traición, odio, violencia y necedad en el ser humano corriente 
      como para abastecer cualquier ejercito o cualquier jornada. 
      Y los mejores asesinos son aquellos 
      que predican en su contra. 
      Y los que mejor odian son aquellos 
      que predican amor. 

    • esperando a la muerte 
      como a un gato 
      que saltará sobre la 
      cama 

      estoy muy afligido por 
      mi esposa 

      ella verá este 
      tieso 
      blanco 
      cuerpo 
      lo sacudirá una vez, quizás 
      de nuevo 

      “Hank!” 

      Hank no 
      responderá 

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