El mundo es un tapiz de sombra y sueño, y hay sólo una verdad en su mentira: el que mira una luz en su diseño no la conoce mientras más la mira.
Y es un espejo que, de cada cosa, nos muestra un solo lado, y que nos miente; pues la rosa que vemos no es la rosa, y el espacio que ocupa es diferente.
El pensamiento nubla la esperanza de encontrar una luz en la extrañeza que habita en el pensar. Lo que tenemos
palabras son: saber, verdad, mudanza. El mundo es falso; pero ¿qué es certeza? Y sabemos que nunca lo sabremos.
Me sucedió desde lo alto del infinito esta vida. A través de neblinas, de mi propio yermo ser, humos primeros, vine ganando, y a través de extraños ritos
Y así soy, fútil y sensible, capaz de impulsos violentos y absorbentes, malos y buenos, nobles y viles, pero nunca de un sentimiento que subsista, nunca de una emoción que prolongue y entre hasta la sustancia del alma.
Desde la ventana más alta de mi casa, con un pañuelo blanco digo adiós a mis versos, que viajan hacia la humanidad. Y no estoy alegre ni triste. Ése es el destino de los versos.