A veces, y el sueño es triste, en mis deseos existe lejanamente un país donde ser feliz consiste solamente en ser feliz. Se vive como se nace, sin querer y sin saber. En esa ilusión de ser, el tiempo muere y renace sin que se sienta correr. El sentir y el desear no existen en esa tierra. Y no es el amor amar en el país donde yerra mi lejano divagar. Ni se sueña ni se vive: es una infancia sin fin. Y parece que revive ese imposible jardín que con suavidad recibe.
Desde la ventana más alta de mi casa, con un pañuelo blanco digo adiós a mis versos, que viajan hacia la humanidad. Y no estoy alegre ni triste. Ése es el destino de los versos.
La esencia de la tiranía es la fuerza que nos obliga, y la fuerza que nos obliga, o nos obliga absolutamente o relativamente, es decir, condicionadamente.
En la víspera de no partir nunca por lo menos no hay que hacer las maletas no planes sobre el papel, con involuntario acompañamiento de olvidos, para el partir aún libre del día siguiente.
No hay que hacer nada en la víspera de no partir nunca.